Tantas horas sin energía eléctrica en cada semana, me ha llevado a algunos bordes o límites, como por ejemplo y el más común en estos casos, el de la desesperación 😣, es normal. La ansiedad va a causar ese tipo de emociones y es que estamos acostumbrados a tener energía eléctrica siempre. Pero estos días también he podido reflexionar mucho, al punto de comprender que el reflexionar es un arte.
Aprendemos a colocar límites, pero ¿realmente somos capaces de respetar los límites que otros también colocan? Una buena pregunta para dejar al aire. Hay cosas que me enojan y puedo dejar pasar por alto, pero hay otras que me enojan mucho y que mientras más las mencionen o hagan, más me irritan, al punto de ya no poner ponerle limite a las expresiones que haga mi rostro, y es entonces que me pregunto lo anterior, ¿será que quien causa tal irritación aún no aprende a respetar los límites de los demás?
Hoy me tocó enseñarle a alguien de la mejor manera posible, que existen límites y que se deben respetar los límites que los demás te coloquen. Está persona insiste en molestarme diciendo que yo debo pagar una promesa que jamás hice, si les contara dirán que es una tontería, pero realmente me tiene cansada el hecho de que hasta me exija de forma insistente con que le pagué algo que repito jamás prometí u ofrecí.
¿Por qué me enoja? Me detuve a pensar en ello, encontré la respuesta. Porque no lo prometí y me gusta ser responsable con lo que prometo, además de eso, ya le había dicho antes que no juego con eso. Por otra parte me enoja, porque al insistir y hablarme tanto sobre el tema, me hace perder el tiempo y porque realmente estoy en un punto, donde tengo cosas realmente importantes en las cuales ocuparme.
No, esta persona no es un familiar, amigo o alguien cercano y eso empeora su posición conmigo. Por otra parte soy alguien bastante ocupado y justo ayer operaron a mi papá, así que toda mi familia y yo hemos estado abocados a ese tema, el cual definitivamente si merece mi atención e importancia.
Reflexionar es un arte, un arte al cual pocos le dedican tiempo, pero la misma vida te da el tiempo aún de formas que no queremos. Reflexionar nos invita a meditar y pensar el por qué de las cosas, nos invita a la autoevaluación y al poder comprender quizás a otros. Por ende, si tan solo dedicaríamos más tiempo a practicar este arte, seguramente seríamos más empáticos. No tengo por qué decirle a una persona lo que me sucede para que deje de pasar el límite, cada persona debería de colocarle límites a otros, pero también colocarse límites a sí mismo.
Imagen de portada editada en canva pro.