El señor que detenía las nubes grises
Inmediatamente, Juancho comenzó a saltar de alegría. Ya no sentía calor. La tierra ya no estaba sedienta, los ríos se llenaron nuevamente y los árboles volvieron a vestirse de verde. Pero Juancho quiso jugar y su mamá se lo prohibió:
_Está lloviendo y no puedes mojarte con la lluvia porque puedes enfermar -dijo la madre de manera protectora. Juancho estaba muy triste, no solo porque no podía salir a jugar, sino también porque en algunas casas estaba lloviendo adentro, ya que tenían muchos agujeros en el techo.
_¡Quiero que salga el sol. Que aparezca y se lleve la lluvia! -el sol que había estado escondido, se sintió feliz y salió de su escondite. Las nubes grises no querían marcharse, pero el sol las arrastró, una a una, y las ocultó detrás de una montaña muy alta.
Cuando el sol hizo desaparecer las nubes grises, apareció un arcoíris muy bonito, en señal de que la tormenta había terminado.
Entonces Juancho y todos sus amiguitos salieron a jugar a la calle. Aunque sintieran calor, no querían que lloviera nuevamente. No querían que el sol se fuera porque era el único que podía detener a las nubes grises.