Nota de la autora: El presente relato es una secuela de En una noche de máscaras, publicado en este mismo blog el día 7 de diciembre de 2022.
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Lo primero que hice tras regresar a Inglaterra fue contactar a todos y cada uno de mis amigos, preguntándoles si de casualidad sabían de algún departamento en renta. Todos, en especial mis amigas, me preguntaron si todo estaba bien. Mi respuesta fue franca y honesta: No, no estaba bien y no quería hablar del asunto por ahora. Comprendieron de inmediato mi respuesta, intuyendo que quizás había terminado mi relación con mi ex; algunos me ofrecieron un lugar en su piso mientras buscaba en dónde quedarme. Rechacé su oferta, diciéndoles que no quería causarles problemas y que ya había hablado con mi casera, quien con mirada comprensiva me dijo que tomara mi tiempo.
No le pregunté si el imbécil ha regresado al departamento. Era evidente que se quedó en casa de su madre unos días, o quizás viva ahí. No lo sé, y no me importa en lo absoluto. Yo solo quería marcharme del maldito departamento en cuanto antes, por lo que enseguida empecé a buscar un nuevo hogar. Mi amiga Celia fue quien me enlazó con la señora Goodnight, la amable casera que me mostró hace un par de días el pequeño departamento que se encontraba en las cercanías de Lambeth, al que me estoy mudando en estos momentos.
La renta era accesible y la ubicación era excelente, así que no perdí más el tiempo.
Estaba mirando la hora en que llegara el camión de la mudanza cuando apareció en la pantalla el número de Fraser O'Connell, uno de mis amigos de la facultad.
"¡Hola, Fray!"
"¡Hola, Sophie! ¿Cómo estás?"
"Un poco mejor ahora", respondí mientras acechaba por la ventana para ver si el camión de la mudanza hacía su acto de aparición. "¿Y ustedes?"
"Cres y yo estamos bien, aunque no podemos evitar sentirnos preocupados por ti. Lo que te hicieron ese idiota y su estúpida madre en Hungría no tiene nombre".
Me sobresalté. Que yo recordara, no le he contado a nadie lo que
me sucedió en Hungría.
"¿Quién te dijo?"
"Jacob Fairchild. Él es primo de Cres y amigo mío. Ella fue a visitarlo a su departamento hoy en la mañana apenas supo que regresó de Hungría. Después me lo contó a mí cuando regresé de la facultad".
Mi rostro fue un auténtico poema. No sabía que mi amiga Crescida Ferguson fuera pariente de una de las familias más influyentes y poderosas del país. De hecho, ni ella ni sus padres, a quienes conocí hace tres años, daban muestras de ser gente con dinero; por el contrario, ellos eran la típica familia clasemediera que vivía en Brady Street. Todos personas amables y humildes.
"Wow... No sabía".
"Ni a Cres ni a su familia les gusta mucho alardear sobre ello, pero sí, ellos son parientes cercanos de los Fairchild; su mamá es hermana del padre de Jacob. Van a Whitering Heights de vez en cuando a pasar los fines de semana con su abuelo Nathaniel".
"Joder... Es un milagro que no la discriminaran por ser de un estrato social menor".
"Los Fairchild serán influyentes, pero no son excluyentes. Tienen parientes en distintos estratos sociales; son personas que están muy conscientes de sus orígenes humildes y que pueden regresar a ellos en cualquier momento. De hecho, todos los miembros sin excepción tienen trabajos propios, algunos dentro y otros fuera de las empresas familiares".
"Mis respetos a esa familia. Debes ser muy afortunado de que no te traten mal. ¡Oh! Ya llegaron los de la mudanza. Debo irme. Una vez que me instale en el nuevo departamento, les paso a todos mi dirección".
