Molly: la estrella de las redes sociales
Pero desde hacía meses, Molly había caído en un estado de apatía y de incertidumbre:
_¿De qué me sirve tanto dinero si ya lo tengo todo? –se preguntaba en el espejo cada vez que se veía en él.
_¿De qué me sirve ser famosa si lo que quiero ahora es privacidad, caminar por las calles sin ser reconocida? –pensaba cada vez que sus representantes le decían que no podía salir desarreglada de la habitación del hotel porque afuera había fotógrafos.
Sus historias y videos en las redes mostraban una Molly feliz y superficial, interesada exclusivamente en la moda, en los sitios turísticos y lugares de lujos. Ella sentía que se había convertido en un personaje, solo para agradar a la gente, y que la verdadera Molly estaba escondida dentro de ella.
Sin embargo, llegó un momento en el que el desastre causado por la naturaleza adquirió proporciones gigantes y todo el pueblo de Cumanacoa pedía ayuda. Entonces Molly, contraviniendo las recomendaciones de sus representantes, tomó una mochila y se fue hasta el pueblo que la había visto nacer.
Al llegar al lugar no era la famosa Molly, sino una más que estaba allí para ayudar. Así que se puso unas botas, se dobló los ruedos de los pantalones y comenzó a sacar escombros para ayudar a la gente. Fueron horas difíciles y tristes, sobre todo porque por más que intentaban, el río desbordado había dejado a muchas familias sin nada.
Cuando todos se estaban dando por vencidos y habían perdido todas las esperanzas, Molly tuvo la idea de pedir ayuda a todos sus seguidores. Fue cuando compartió su video más personal, el más íntimo, donde contaba todo lo que aquella gente, que la había visto crecer, estaba sufriendo:
_Yo sé que están acostumbrados a ver una Molly arreglada, pulcra –dijo la joven llena de lodo y despeinada- Pero esta también soy yo. Ahorita estoy en el pueblo de mi familia, al lado de la gente que nos necesita. Hagamos magia y demostremos todo el amor y el bien que llevamos dentro.
Después de eso, Cumanacoa volvió a ser un hermoso pueblo y Molly seguía siendo la estrella de las redes, pero ahora su contenido servía para cooperar con la gente. Ayudaba tanto, que Molly más nunca sintió vacío y descontento con lo que hacía. Por el contrario, descubrió la esencia del poder que tenía: sentir empatía por el otro.