Un paseo para comprar camacutos
Este fin de semana nos levantamos con ganas de comer sopa de camacuto. Esta sopa la hacía mi abuela para sus hijos y cada vez que la hacía, era un acontecimiento muy importante, ya que el camacuto es un producto del río y aparece solo en temporadas lluviosas.
Con esas ganas, nos montamos en el auto, echamos gasolina y salimos a ver qué conseguíamos. El estado Sucre no solo es playa, también somos ríos, selva, mucho verde y montañas. En esta oportunidad, salimos de Cumaná rumbo a Cumanacoa, pendiente de la vía, ya que nos dijeron que antes de llegar a Cedeño podíamos encontrar los famosos camacutos.
Desde que salimos de Puerto la Madera comenzamos a ver otra vegetación y a sentir otro clima. En la vía hay muchos puestos en donde venden algunas cosas como dulces, frutas, verduras y hasta queso y carne. La idea es llevar un saco de efectivo, porque de verdad que hay muchas ofertas.
Llegamos casi a Cumanacoa y no encontramos a nadie vendiendo camacutos. Las personas, a las que les preguntamos, nos comentaron que tan pronto los camacuteros se ponen en la vía, inmediatamente le compran. Una de esas personas nos dijo que sus hijos, sobrinos y hermanos pescaban y que ella podía decirle que pescaran para nosotros. A cambio, nosotros nos ofrecimos a llevarla a su casa.
Efectivamente, cuando llegamos, la señora llamó a unos muchachos para que salieran a pescar. Mientras tanto, la señora nos ofreció que nos quedáramos sentados en el patio de su casa. Increíblemente, el clima es muchísimos más agradable en un chinchorro y debajo de una mata de mango. Con tanto verde y aire puro, lo que provoca es estar "echao". Como decía aquel personaje: "Mi reino por un chinchorro". jajaja.
Cuando los muchachos regresaron, lo hicieron con 4 "ensartes" de camacutos y guaraguaras en sus manos. Se llama "ensarte" porque es un alambre en el que "ensartan" los camacutos y las guaraguaras. Nos cobraron 50 bolívares por los cuatro ensartes.
También compramos un tobo de aguacates. Al principio pensamos tomar sopa con aguacate (el aguacate pega con todo y el que no sepa de sopa que no opine. jajajaja), pero los aguacates estaban verdes. Aún así, lo compramos. El tobo nos salió por 40 bolívares.
Cuando llegamos, comenzamos a hacer la sopa inmediatamente porque teníamos mucha hambre. En otro post les diré cómo se hace esta deliciosa sopa, típica del oriente venezolano y famosa por la cantidad de hierro y fósforro.
Luego de tomarnos la sopa, nos tomamos nuestras respectivas polarcitas para el calor y ahí sí, caímos muertos. Entre el calor de la comida y las cervezas frías, caímos en los brazos de Morfeo, felices, relajados y satisfechos.
A veces estamos en casa, sin hacer nada, sin darnos cuenta que nuestro estado está lleno de lugares por conocer, comidas que saborear, momentos por vivir. Y lo mejor de todo, nuestro estado está lleno de gente bonita y buena que nos ofrece su casa, su chinchorro y su tiempo. Indiscutiblemente, por todas esas cosas hay que decir: ¡¡¡GRACIAS!!!❤