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ESPAÑOL
Día lluvioso, día reflexivo.
Durante los meses de la fractura que tuve este año y en los cuales pasaron otras situaciones difíciles en simultáneo, hubo un gran aprendizaje que se fue revelando en mi, de manera silenciosa, casi imperceptible al principio, pero que con el paso del tiempo se volvió cada vez más claro y presente. Ese aprendizaje terminó convirtiendose en un mantra personal muy poderoso, uno de esos que no se repiten por costumbre, sino por necesidad.
Serenidad, templanza y sabiduría
Cada vez que el momento se pone difícil, cuando la incertidumbre aparece o cuando noto que estoy perdiendo consciencia del momento presente, vuelvo a estas palabras. No como un refugio para escapar, sino como un ancla que me devuelve al centro. Repetirlas es una forma de recordarme cómo quiero estar y desde dónde quiero responder a lo que la vida trae.
Para aclarar; un mantra es una sílaba, sonido o grupo de sílabas (palabras) que, durante su recitación consciente, llevan la mente a un estado más estable, imperturbable y claro. No es magia ni negación de la realidad, es una herramienta. Una guía interna que orienta cuando el ruido externo o interno se vuelve demasiado fuerte.
Así que sí, este es mi mantra personal a partir de ahora. No porque prometa que todo será fácil, sino porque me recuerda que siempre puedo elegir cómo atravesar lo que sucede.
¿Y qué significan para mí estas palabras? ¿qué me recuerdan? ¿Y por qué me calman tanto?
Sin serenidad, la mente se vuelve como un lago agitado por el viento: turbio, inestable, incapaz de reflejar con claridad. Cuando la serenidad se pierde, es muy probable que actuemos de manera reactiva, impulsiva y poco beneficiosa, tanto para nosotros como para quienes nos rodean.
La templanza, en cambio, nos mantiene con pulso firme. Nos ayuda a actuar cuando es necesario y a sostenernos cuando todo invita a rendirse. Es la capacidad de no dejarnos arrastrar por los extremos, de mantenernos equilibrados aun cuando la adversidad presiona.
Y la sabiduría es la joya de estas tres. Es gracias a ella que sabemos cuándo aceptar y mantener la calma, y cuándo actuar y movernos para transformar aquello que ya no puede seguir igual. Es discernimiento, escucha profunda y experiencia integrada.
De mi experiencia durante estos ultimos meses puedo extraer que serenidad, templanza y sabiduría son hoy mi mantra personal más importante, sostenedor y motivador para transitar las dificultades sin trastabillar ni caerme, incluso cuando el camino se vuelve empinado.
Finalmente, solo quiero agradecer. Gracias, a cualquiera que sea el Ser Superior, la vida o la inteligencia que sostiene todo, por permitirme este aprendizaje y por darme más herramientas para el día a día.
Gracias también a ti, por leer hasta este punto y compartir tu tiempo con mis palabras.
Que tu vida sea próspera, llena de serenidad, templanza, sabiduría y, sobre todo, una calma profunda que nazca desde adentro.
Soy Julio Cesar Arvelo, practicante y profesor de Ashtanga Yoga y Meditación.
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