Erase una vez, el cadáver de una madre, que yacía con los ojos abiertos frente a su hijo.
Creo que ésta es la mejor manera de empezar éste relato.
De cómo la vida común y feliz da giros inexplicables.
Erase una vez, una madre pobre de treinta y seis años, que vivía sola con su hijo de seis años, un joven que, aunque no sabía mucho sobre el mundo, la admiraba como si ella hiciera proezas diarias.
Ella sola cortaba la leña que necesitaba, vendía la fruta para poder sobrevivir, lavaba la ropa, todo eso, y más, y él, tan pequeño e inocente, siempre estaba allí para intentar hacer lo mismo que ella.
La imitaba con fervor y se podría decir que, aunque fuesen pobres, eran felices.
Hasta que un día…
Se presentó un intercambio de balas entre unos asesinos y unos policías, temprano, ése día, un hombre le avisó a la mujer que no saliera, que no se asomara y que se mantuviese a la altura de una silla, como máximo.
Era uno de los perseguidos, sí, pero no quería tener nada que ver con muertes innecesarias.
La mujer se acostó con su hijo en el piso de su hogar mientras oía disparos cerca. Algunos penetraron sus paredes, así que se posó sobre el cuerpo del niño por precaución.
Dejaron de oírse así que decidió mirar por la ventana y una bala penetró en su cráneo.
Su hijo la miró, con sus ojos inocentes llenos de lágrimas al ver que no reaccionaba.
“Se asomó cuando no debía.”
Y luego de ello, no pasó mucho tiempo para que su hijo muriese, sin saber que, en realidad, la mujer que admiraba no era su madre en realidad, sino una mujer que lo había acogido debido a que su progenitora
—hermana de la mujer― era prostituta.
Aquí les dejo los últimos escritos en caso de que quieran leerlo.
La portada la cree en la pagina https://www.canva.com/
Gracias por leer mi post.
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Que tenga un buen, lindo, maravilloso y emocionante día.