Hay un punto que particularmente me parece muy interesante en todo lo que respecta al deporte y sus efectos beneficiosos en nuestro organismo, y me voy a centrar en esta oportunidad en el sistema cardíaco.
Para empezar diré que nuestro corazón funciona las 24 horas del día sin descanso, se contrae y se relaja de manera constante para hacer llegar sangre a nuestro cuerpo, esta contiene (entre otras cosas) glóbulos rojos que son los encargados de transportar el oxígeno a todas las partes de nuestro cuerpo, mismo que es usado para producir energía en forma de ATP.
Cuando estamos trotando o haciendo cualquier tipo de actividad física los requerimientos de ENERGÍA aumentan, por lo tanto, se requerirá más sangre y más oxígeno para producirla, esta es la razón básica y explicada de una manera sencilla por lo que nuestro corazón se acelera. Pero en condiciones normales, lo que es considerado como valor normal es una frecuencia cardíaca entre 60 y 100 latidos por minutos, en el caso de los atletas es diferente, y esto me llamó la atención mis primeros días de estudios de mi carrera.
Resulta que los atletas pueden tener una frecuencia cardíaca en estado de reposo de hasta 40 latidos por minutos, lo que puede parecer anormal. Pero lo que ocurre en este caso es que su corazón, siendo un gran músculo, se ha fortalecido de tal manera por el ejercicio, que amerita menos latidos para hacer llegar la misma cantidad de sangre a todo el cuerpo, en cambio, cuando se comienza el ejercicio ocurre lo contrario.
Puede pasar de 40 a 150 latidos por minutos en cuestión de segundos, para poder enviar los requerimientos necesarios de oxígeno y aumentar su rendimiento físico, sin que implique esto un a anomalía. Esto lo logran después de años de ejercitarse, y es una particularidad de los atletas de alto rendimiento.
Lo vi en persona, y me pareció algo que tenía que compartir, es evidente que el ejercicio hace bien a todos, pero no siempre se sabe con exactitud estos detalles.