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Llego el autobús y me subí quedando de pie, el divino olor a almizcle inundaba el ambiente, a mi lado un chico joven tal vez estudiante del último año de la preparatoria, en el vaivén del autobús y su ruta, iba disfrutando la vista por las avenidas, llegando a la próxima parada un gentío se subió al autobús hacinando a los pasajeros y privando la comodidad de todos los que allí íbamos.
El olor a Almizcle era penetrante, ¡Ups! El chico está pegado a mis espaldas, puedo sentir su calor corporal, todos los pasajeros hacían ruidos entre protestas por la incomodidad, mientras tanto yo comencé a sentir placer.
Si, allí estaba él, rozando su pene contra mí, en el primer momento me aparte , luego entre el vaivén, solo me deje llevar, podía sentir hasta su respiración en mi nuca, mi cuerpo reaccionaba y se excitaba, mi cuerpo temblaba pero nadie lo notaba, mi respiración se hizo más agitada y el se afincaba mucho más, hasta el punto que pude sentir mi panty mojada.
Llegue a mi parada, solo me baje sin mirar atrás, entre su olor y su cuerpo, me hicieron olvidar el café, la oficina pintaba sola ya que era muy temprano, me encerré allí sola y deslice mis dedos y me perdí en mi intenso recuerdo.