El despertar de este Don o desgracia —depende de cómo se vea— cambió completamente mi percepción de la vida. Es difícil ser un espectador pasivo de recuerdos que muchas veces atormentan a las personas, sobre todo porque son acontecimientos que ya no existen, con los que nada se puede hacer. Lo ya hecho no puede ser desandado, allí quedó como una huella que produjo alguna alteración en la vida de los que lo vivieron. Sin embargo, poder penetrar en esas vivencias nos da un gran conocimiento de la naturaleza humana…
Una tarde me encontraba caminando por la playa. El ocaso comenzaba a dejarse ver en el horizonte. En situaciones como esas me gusta sentarme en la arena a dejarme invadir por la sensación... A pocos metros había una familia. Un hombre como de cuarenta, su esposa como de treinta y seis, y una niña de algunos nueve años. Todos estaban sentados disfrutando del espectáculo ofrecido por el sol.
La niña correteaba de un sitio a otro. Su madre empacaba, de rodillas, el equipaje de ese día de playa. La niña comenzó a llamarla señalando algo en la arena. La mujer se levantó con pesadez y se dirigió con desgano hacia donde apuntaba la niña. El hombre las seguía con la mirada. Su mente, como suele suceder, entró en una vorágine de pensamientos. Una imagen de sus tiempos juveniles se apoderó de todo su espacio mental, sumiéndolo en una gran inquietud. En ese mismo instante, la intensidad de su emoción me atravesó…Sin darme cuenta me encontré compartiendo su visión…
Estaba él a punto de cumplir los veinte años. Desde hacía como seis meses había suspendido sus estudios universitarios. Una racha de desilusión e incertidumbre se había instalado en su vida. Sin nada importante que hacer pasaba sus tardes con un grupo de muchachos desocupados como él. Uno de los más viejos andaba en malos pasos, pertenecía a una pequeña banda que se encargaba de la distribución de drogas en un sector cercano a su casa.
Poco a poco fue haciendo amistad con el sujeto. Aquél había hecho un estudio de la situación. Sabía que él era un muchacho atormentado por las dudas, sin ninguna claridad de lo que quería hacer con su vida, sin estudios y sin trabajo. En fin… un candidato perfecto para alimentar la pandilla de malandros.
Una noche de tormenta se encontraban en la esquina esperando que amainara el aguacero. En ese momento le hizo la propuesta. Lo invitó a participar de la banda juvenil. Al principio, mientras aprendía lo necesario solo se limitaría a acompañar a los expertos. Ellos decidirían cuando estaría listo para actuar por su cuenta.
Así comenzó su actividad de joven delincuente. Acompañó dos o tres entregas en las que no hubo mayor dificultad. Se acordaba el sitio. Aparecía el comprador. Se entregaba la mercancía y luego el dinero se dejaba en manos de un responsable. Nada que él no pudiera hacer.
— Hoy es un día especial, le dijo su mentor en el delito. — Después de este trabajo estarás listo para andar por tu cuenta.
Llegó al sitio acordado. En esta oportunidad lo esperaba un compañero nuevo, lo había visto varias veces pero nunca había tratado con él.
— Dónde es la entrega, preguntó.
— Hoy no hay entrega, dijo el otro. Se trata de un trabajo especial. Tenemos que despachar a un sujeto...
Esto era algo que no había imaginado, pensaba que solo se dedicaría a las pequeñas entregas de drogas. Pero ni modo, si quería hacerse miembro de la banda tenía que cumplir con el encargo…
Los dos muchachos esperaron pacientemente en un sitio cercano a una ferretería. Era una zona donde dejaban desechos de una carpintería del sector.
Comenzaba a caer la noche, el local estaba cerrado. Una puerta se abrió y salió un señor canoso. El primero se adelantó apuntando al sujeto. Una detonación quebró el silencio de la noche. El viejo acusó el impacto en el hombro, pero se mantuvo de pie. Sin pensarlo dos veces el aspirante a delincuente tomó un pedazo de madera del suelo y se abalanzó hacia su compañero armado. Descargó un fuerte golpe. El otro cayó al suelo. Rápidamente se dirigió hacia el viejo. ¡Señor… váyase… busque ayuda…todo va a estar bien…!
Los acontecimientos siguientes se desarrollaron con rapidez. Fue a su casa, tomó una muda de ropa, agarró el dinero ahorrado con las entregas que había hecho, se despidió de su madre y enfiló su huída hacia un pequeño pueblo costero del Occidente del país. Allí vivía un tío suyo, hermano de su madre
En el pequeño poblado, de la mano de su tío, fue encontrando el sentido de su vida. Logró salir adelante, montó un pequeño negocio, se enamoró y fundó su familia.
Nunca supo qué lo impulsó aquella noche a interrumpir la misión. Muchas veces se ha preguntado ¿Por qué quiso salvar al viejo? En algunas ocasiones ha pensado que aquel viejo le trajo un recuerdo de un lugar desconocido, le pareció que podría ser el padre que nunca conoció…
El sol se hundió lentamente en el horizonte, una tenue luz dorada-naranja abría paso a la llegada de la noche…
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Las fotos, la edición digital y los Gifs son de mi autoría.