Después de escribir la primera microficción en honor al escritor español Pedro Calderón de la Barca (ver), a partir de La vida es sueño, sentía el compromiso –conmigo mismo y con los lectores– de una más, que aludiera a otra de las obras admirada por mí de su producción dramatúrgica, y es la que da lugar a este ejercicio libre. Sin duda, el barroco es uno de los hitos áureos de la literatura española, y en él destaca la lucidez de Calderón, que presagia al teatro del siglo XX, con Pirandello.
Al despertar del pesado sueño, Pedro de la Barca caviló en los avatares de su ya larga vida: había sido o era hidalgo, soldado en varias querellas, sacerdote, dramaturgo…, como si hubiese representado varios personajes en diferentes obras, fuesen tragedias, comedias, autos sacramentales… En fin, pensó, la vida es una representación donde todos asumimos papeles que nos da el Autor en el Mundo que nos toca. Ideó una alegoría a la que quiso titular "La farsa de la vida", pero reparó en los censores y moralistas que acosaban en esos tiempos; mejor la llamaría "El gran teatro del mundo", y estaría compuesta de personajes llamados a ser tales en una obra que se convoca a ser representada. Pero, ¿qué hacer, si sabía que él era otro personaje que se había inventado?
Si estuviera interesado en leer la obra El gran teatro del mundo de Calderón de la Barca, puede ir a este enlace.