Estimada gente de Hive: Aquí la segunda parte de mi texto sobre las relaciones de la mística y el cuerpo. Quien desee leer la primera parte, puede hacerlo en este enlace.
Saludos.
El historiador de las religiones rumano Mircea Eliade en Erotismo místico de la India señala que en el hinduismo la pareja humana se transforma en divina por medio de la unión sexual ritualizada. El amor entre Radha y Krishna simboliza la unión de toda experiencia religiosa en la que
…la ‘verdad’ de los amores de Radha y Krishna no puede conocerse más que en el propio cuerpo, y este conocimiento a nivel de la ‘corporeidad’ tiene una validez metafísica universal… quien realiza la ‘verdad del cuerpo’… se torna capaz de acceder a la ‘verdad del universo’.
Teresa de Ávila y Juan de la Cruz, y otros autores de la tradición mística, recurren a un repertorio conocido: la experiencia amatoria, sea a través de la metáfora del matrimonio (”la mística esponsal”) o de la expresión directa del erotismo. Como muchos estudiosos han reconocido, el eros representa una ligadura que ata las cosas más disímiles.
La secularización de la poesía es un aspecto más de la desacralización del mundo, proceso que se ha cumplido paulatinamente durante los últimos cinco siglos. ¿Es algo que deberíamos lamentar? Muchos poetas piensan que sí, que con la secularización de la vida (y no sólo de la poesía) perdemos un norte, un anhelo, una esperanza, algo que nos hacía específicamente humanos precisamente al encarnar la divinidad. Al perder la noción de lo sagrado, perdemos algo que nos hace más humanos, no menos. Eso piensan, así lo entiendo, Cadenas, Valente, Valle-Inclán, para mencionar solo a los poetas de los que venimos hablando.
Rafael Cadenas se desconcierta ante el ascetismo de San Juan de la Cruz, “ese castigarse impiadoso” lo llama, pero está lejos de ponerle reparos definitivos. Reconoce que el español sabe más de iluminación que él. La experiencia de San Juan solo se da a unos pocos seres, y Cadenas nunca ha afirmado ser un iluminado. Conoce el camino y ha andado algunos tramos; ¿no es, acaso, eso suficiente para un poeta de nuestra época?
Los místicos, afirma el poeta venezolano, desprecian el cuerpo. De Santa Teresa, a quien mucho le debe, dice que no supo, o no quiso saber, que el cuerpo es un don, que pertenece al reino de quien nos lo haya dado; lo que es otra forma de afirmar la condición sagrada de todo, incluso del cuerpo. Afirma Cadenas que el cuerpo
es naturaleza, en contraste con el yo que vive separado de ella, y en gran medida, de la manifestación que le es más inmediata: el propio cuerpo. Ni un solo instante se desune del universo… ¿No debería el cuerpo ser el maestro del yo en vez de su esclavo?... Tal vez el secreto que guarda (el cuerpo) haya sido la causa de su condena por las religiones. Un dios podría estar oculto allí. Un despertador.
Un dios oculto en el cuerpo. Una idea deslumbrante y provocadora. Una noción sólo superficialmente similar a la cristiana donde Dios se encarna, se hace cuerpo en Cristo y el cuerpo de todos se hace Dios. Sospecho que en la idea de Cadenas hay algo más elemental, más primario, si se quiere, y que expresa mejor la renuencia de Cadenas a asociar su pensamiento religioso a Iglesia alguna. Aunque tampoco reniega de ninguna.
Las prerrogativas del cuerpo y su íntima sabiduría están presentes en la obra inicial de Cadenas. Se lee en el primer texto de su libro Los cuadernos del destierro: "Yo provenía de un pueblo de grandes comedores de serpientes. Sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer de amor.” En otro poema, la voz lírica se refiere a sí misma como “un animal legítimo”. Nada puede estar más lejos de Cadenas que el radical ascetismo de San Juan, Santa Teresa y otros místicos (¿Quién es el que teme / La muerte del cuerpo, / Si con ella logra / Un placer inmenso? / ¡Oh, sí, el de amarte, / Dios mío, sin fin! /Ansiosa de verte / Deseo morir, dice Santa Teresa), y sin embargo, reconoce en ellos la misma búsqueda que lo anima a él.
Pero en esta afirmación de la muerte, ¿está presente una negación del cuerpo? José Ángel Valente considera que no. En el ensayo “Teresa de Ávila o la aventura corpórea del espíritu” argumenta en un sentido distinto al de Cadenas, aunque no del todo opuesto. Diría que son, más bien, visiones complementarias:
No hay espiritualidad sin la complicidad de lo corpóreo. En la plenitud del estado unitivo, cuerpo y espíritu han abolido toda relación dual para sumirse en la unidad simple. En efecto, la aventura espiritual es una aventura de lo corpóreo. Y eso bien claro debería resultar desde una óptica cristiana, en cuya extrema aventura espiritual ha de situarse la aventura extrema del cuerpo, del cuerpo resurrecto, el escándalo de la resurrección.