«El que revela el secreto de otros pasan por traidor; el que revela el propio secreto pasa por imbécil.»
—Voltaire
Los cazadores
Eusebio, Sandro, Fabio y Nora, se embarcaron en la gran camioneta de Catarina junto con ella y fueron rumbo a las instalaciones de la corporación ASTRA. Tomaron la autopista principal hacia el centro, donde allí se adentraron por un desvío que se dirigía hacia las afueras de la ciudad. A partir de ese camino, Catarina comenzó a tomar nuevas rutas que parecían ser intransitables.
La ansiedad comenzaba hacer estragos en los demás miembros. Eusebio, quien iba de copiloto, iba callado puesto que Catarina no respondía a ninguna de sus preguntas, ya que ella solo le preguntaba cosas comunes como: ¿qué tal le iba?, y ¿qué tal el trabajo de la universidad? Preguntas a las que Eusebio no se sentía animado a responder.
Sandro miraba por el lado izquierdo de la parte de atrás del copiloto, el lado que le había tocado sentarse. Observó que se encontraban en el árido desierto de afuera de la ciudad, en una zona muy inhóspita sin ningún atisbo de residencia con establecimiento rural. Le parecía extraño que hubieran llegado a esa zona tan rápido, ya que la velocidad de la camioneta de Catarina no era tan rápida para haberse alejado tan pronto a una hora de distancia.
Nora era la que más se encontraba nerviosa de todo el grupo, estaba a la expectativa de lo que le esperaría a ella y a su hijo Fabio, quien también se encontraba con ellos. Se preguntaba que hacía una mujer de cuarenta y cuatro años de edad, hogareña y amante de la botánica en un lugar como ese con gente chiflada. Ella iba sentada en el asiento derecho de atrás del piloto; estaba tan nerviosa que hasta Catarina, quien estaba delante de ella, podía sentir sus inquietudes.
Fabio iba en el medio del asiento de atrás, y al sentir las vibrantes energías de su madre, comenzó a abrazarla para tratar de calmarla. El joven era el más confundido del grupo, puesto que aún no sabía por qué él y su madre estaban ahí. Observaba a Eusebio y a Catarina en silencio y se sentía incómodo con aquella situación. Tenía ganas de gritar en ese momento, de salir corriendo junto con su madre, pero ya estaba claro que no podía salir de ahí porque ya estaban metidos en ese asunto hasta la sien.
Finalmente, el entorno donde transitaban comenzó a cambiar y a solo unos kilómetros de distancia, había un túnel en donde Catarina se adentró. El enorme ducto tenía una altura de treinta metros, algo que se usaba para algo más que dejar entrar solamente automóviles. Tenía una estructura arqueada compuesta por acero reforzado de color azulado. Ostentaba luces en toda su dimensión interna, iluminado hasta el fondo del lugar.
Catarina se detuvo junto a una gran entrada de dos metros hecha de plomo, que poseía un panel infrarrojo de detección, ella solo posó su rostro frente al panel y de repente automáticamente la puerta se abrió. Catarina los invitó a pasar a todos de prisa donde recorrieron un pasillo compuesto de acero consolidado y adornado con luces de neón. Al final, había una gran puerta, que a su vez conectaba con otros pasillos y un enorme salón central donde uno podía vislumbrar los experimentos tanto artificiales como biológicos de la corporación.
Los individuos se dirigieron a una puerta de acero que parecía ser de oficina, la cual, solo podía abrirse con un código. Catarina introdujo rápidamente una serie de numeraciones e inmediatamente la puerta se abrió. Ya adentro, Eusebio, Sandro, Nora y Fabio, estaban más que asombrados con todo lo que habían visto, se rumoreaba que la corporación ASTRA ocultaba tras sus puertas maravillas tanto de este como afuera de este mundo; sin embargo, lo que vieron a continuación, fue lo que los marcó de por vida.
—Bienvenidos todos a mi espacio, es aquí donde he estado realizando mi experimentos recientes. —Dijo Catarina dirigiéndose a todos sus invitados.
Nuestros cuatro personajes no podían creer lo que sus ojos veían; el laboratorio era más o menos espacioso, con computadoras de alta tecnología hacia las paredes y junto a estas, mesas con tubos de ensayo conteniendo sustancias desconocidas. Había un olor muy extraño en el ambiente pero soportable, y parecía provenir de lo que había en el epicentro de todo ese espacio.
En el centro del laboratorio había tres enormes contenedores de cristal, los cuales, tenían albergados un líquido naranja hasta su tope, que a su vez, estaban sumergidas en cada uno de ellos criaturas hibridas de tipo insecto, iguales a la que estaba en casa de Nora. Los especímenes parecían estar completamente dormidos; sus rostros alargados semi humanos y su combinación de criatura artrópoda con hombre era algo que no dejaba de asombrar a nuestros personajes, los cuales, se quedaron callados por un buen rato.
—¡Tienes a tres de ellos! —Expresó Eusebio dirigiéndose a Catarina, con los ojos abiertos hasta el límite y la boca completamente abierta.
—Así es, los estoy recolectando. —Aseguró Catarina observando los contenedores.
—Pero… ¿por qué? —Preguntó Sandro con la voz a punto de quebrarse.
—Para detener lo que se avecina; un mal que está a punto de caer sobre la humanidad y estas criaturas serán las portadoras de esa maldición.
—¿A qué te refieres con eso? ¿Qué maldición? —Preguntó Nora con las manos temblando y los ojos a punto de salírseles de sus orbitas.
—La maldición de Radath. —Expresó Catarina. —Ustedes me ayudarán a encontrar a las demás criaturas, antes de que la maldición se propague. Ya logré capturar tres y una ya está muerta, significa que solo faltan cinco.
—¿Y cómo pretendes que te ayudemos a encontrarlas? No somos cazadores de monstruos. —Expuso Sandro, con un tono alto y colérico.
—Eso es lo de menos, ustedes tres solo nos apoyarán a Eusebio y a mí desde aquí. Les explicaremos todo, no se preocupen, el manejo del monitoreo es bastante sencillo, ¿o no es así Eusebio?
Todos los demás dirigieron sus miradas al rostro de Eusebio, el cual, no parecía expresar emoción alguna. Él sólo fijaba su mirada a Catarina, completamente en silencio, como si ella hubiese revelado un punto que todos los demás desconocían.
Escrito por
. Viernes 24 de julio del 2020
Otros relatos de la serie: La Maldición de Radath
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|---|---|
| Segunda Parte - Radath | |
| Tercera Parte - Catarina |
