«El gesto de amargura del hombre es, con frecuencia, sólo el petrificado azoramiento de un niño.»
—Franz Kafka
La partícula R
Eran las cinco de la tarde de aquel opaco día, las carretas de los caballos no dejaban de deambular de un lado a otro. Los vendedores ambulantes no dejaban de aullar con fuerza, tratando de vender aunque sea un cuarto de su mercancía; la gente ya no quería comprar cosas de la calle al parecer.
Cruzando la avenida Sedna, caminaba un hombre de zapatos de cuero semi desgastados, unos pantalones negros de tela de segunda mano y un saco con algunas manchas de pintura imperceptibles a simple vista. El hombre llevaba un sombrero por el que apenas se le podía diferenciar el rostro. Usaba barba tupida de cabello castaño, ojos claros de color amarillo, rostro fino y una expresión de agitado por esquivar a la aglomeración de personas que se cruzaban por su camino.
Llegando a un edificio de solo tres pisos, el hombre sube las escaleras hasta llegar al primer piso. Cruza a la derecha para tocar la puerta del apartamento 1C y espera impaciente ser atendido. El recibidor fue un hombre de mayor edad, barba canosa, ojos cafés, rostro con personalidad aparentemente retorcida y piel pálida como la luna; el hombre parecía que ha estado bastante tiempo encerrado por su aspecto guardado y su apariencia extremadamente delgada.
El hombre de la calle no dijo una palabra y entró sentándose en el percudido sofá en primer lugar. Fue cuando el hombre de mayor edad lo miró fijamente soltando palabras de incógnita.
—Dime que lo trajiste y que lo tienes en uno de tus bolsillos. —Dijo el anciano en un tono bastante esperanzador.
—No, lo siento Mauricio, pero es que lo que me pides es bastante difícil. —Contestó el hombre proveniente de la calle.
—¡No puede ser Ángel, ni siquiera has ido a intentarlo! Solo tenías que decirle a Karina las palabras exactas que te dije anoche, pero bien, sabía que te acobardarías. —Dijo el anciano alzando la voz.
—Por favor Mauricio, robar un objeto así del trabo de Karina, sería como un suicidio y arruinaría mi relación con ella. —Dijo el muchacho levantándose del sillón con los brazos extendidos y los hombros caídos.
—Ya te expliqué que cuando Karina se dé cuenta de nuestra finalidad, te verá más como un héroe vanagloriado que como un simple chico contratista.
—Entonces, ¿por qué no se lo decimos y así podrá colaborar con nosotros?
—Por qué ella no nos creerá muchacho zopenco, ¿qué no lo entiendes o es que tengo que explicártelo nuevamente? Karina es una científica con ideales propios, si le hablo sobre el uso que queremos darle a la partícula R, creerá que somos unos locos y hará todo lo posible para que no tengamos ese objeto, por eso debemos aprovechar que tienes su completa confianza para que puedas tomar la partícula, pero veo que eres muy cobarde para hacerlo y tendré que meter mi mano al respecto.
—Bueno ya Mauricio cálmate, está bien te traeré eso pero no arruines mi relación con Karina, va muy bien, ¿sabes? Esta mañana conocí su casa y bueno, pasó lo que tenía que pasar, tú me entiendes, ¿no? —Relató Ángel con la mano derecha en la cabeza y las mejillas un poco sonrojadas.
—No me interesan los avances de tu noviazgo Ángel. —Respondió Mauricio con un tono gruñón. —La verdad no entiendo como una chica tan inteligente con un futuro brillante predestinado se ha podido fijar en ti, pero bueno, entre gustos y colores yo no me meto.
—Para que veas que tengo mi encanto Mauricio. —Aseveró Ángel en tono de alardeo.
—Si claro, lo que tú digas… bueno basta ya. Escucha Ángel y ponme mucha atención puesto que no pienso explicarte de nuevo la importancia de nuestro propósito. La partícula R, es una sustancia clasificada como desconocida, ya que nadie en realidad sabe de su composición u origen. Actualmente está siendo estudiada en el laboratorio donde Karina, tu novia, está trabajando. El secreto de que dicha sustancia se encuentra allí aún no se ha revelado, incluso, sus investigadores piensan que no tiene un uso en particular, sin embargo, nosotros sabemos que no es así.
»Sé que la partícula R tiene la capacidad de hacer que mi artefacto funcione, puesto que está hecha con extractos de plasmas del espacio hechos con un material de silicio muy distinto al de nuestro mundo, ya que este posee la capacidad de conducir y energizar los aparatos con cierta mecánica.
»Si utilizo la partícula en mi artefacto sé que lo hará funcionar y tu yo seremos capaces de controlar el espacio y el tiempo. Ah… ya está muy cerca nuestro sueño querido amigo, pero debes darte prisa y robar la sustancia del laboratorio de Karina, tu que ya tienes la confianza de entrar.
Ángel se queda callado un momento, pensativo, se preparaba para decirle algo muy importante a Mauricio ya que era necesario antes de que sucediera de improvisto.
—Bueno Mauricio tengo decirte algo y espero que no te enojes. Le conté todo a Karina y me dijo que vendría para acá después del trabajo, de hecho, debe estar viniendo ya.
—¿Qué hiciste qué? ¿Cómo pudiste…? ¿Te volviste loco Ángel? ¡Eres un traidor! —Protestó con fuerza Mauricio con los ojos abiertos hasta el límite.
—Quizás tú no le tengas confianza a Karina pero yo sí. Le hablé de nuestros planes y me dijo que vendría con la partícula R y a conocer tu aparato. También me dijo que si le dabas un propósito a esa sustancia inservible te conseguiría un puesto en el laboratorio donde ella trabaja.
—¡Sinceramente no puedo creerlo! ¿Y tú creíste que de verdad vendría con la sustancia?
En ese momento la puerta de entrada sonó. Mauricio estaba anonadado al contrario de Ángel, quien se veía más sereno, abrió la puerta y una mujer guapa de cabello oscuro, ojos marrones, pulcramente maquillada y con anteojos, estaba esperando del otro lado de la habitación.
—Hola cariño, lamento la tardanza, fue un poco complicado tomar la partícula pero ya la tengo. —Le dijo Karina a Ángel, después lo saludó con un beso en los labios. Mauricio aún no podía salir de su asombro.
—¡Vaya! —Prosiguió Karina hablando mientras se adentraba más al apartamento. —El excéntrico pero introvertido genio retirado Mauricio Sagal, cuéntame, háblame de la loca idea en la que estás trabajando desde que te jubilaste anciano, y que tiene ver con esto.
Karina saca de su bolso un pequeño frasco hecho de material de vidrio de reloj, el cual contenía una sustancia aparentemente solida de color negro azulado. Mauricio la ve y se asombra fuertemente, luego mira a Karina fijamente a los ojos.
—No tienes idea de lo que tienes en tu mano muchacha, ni tú, ni tus compañeros saben lo que eso puede hacer.
—Es por eso que he venido con ella, para que me los expliques. Para nosotros es solo una sustancia inservible que viene del espacio, no tiene ningún objeto aparente. Nos pareció curiosa porque viene del cosmos pero solo eso nada más.
—Entonces trabajemos juntos y te enseñaré lo que esa partícula del universo puede hacer, he estado trabajando en un aparato que…
—Sí ya lo sé… —Interrumpió Karina. —Ya Ángel me explicó sobre tu máquina, pero lo que no sé es, ¿con que finalidad la construiste?
Mauricio mira a los ojos a Karina y revela una sonrisa que parece siniestra al igual que las palabras que musitó casi como un susurro.
—Viajar en el tiempo… —Reveló Mauricio en un tono oscuro y misterioso.
CONTINUARÁ...
Escrito por
. Domingo 9 de agosto del 2020
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