«El placer de la mistificación debía protegeros. Ésa fue de hecho nuestra estrategia, la de todos nosotros. Comprendimos desde hace mucho que ya no era posible subvertir el mundo, ni remodelarlo, ni detener su pobre huida hacia delante. Sólo había una resistencia posible: no tomarlo en serio.»
—Milan Kundera
Un salto hacia el espacio
El ambiente se paralizó por completo, hasta que el aire se quedó en silencio. Karina miraba fijamente a Mauricio intentando digerir su respuesta. Ángel la miraba a ella con cara de vergüenza, temía que ella pensara que fueran un par de locos. Ella solo se quedó impresionada e inerte y luego bufó una poderosa carcajada burlona que Mauricio sintió con rabia hasta los huesos.
—¿En serio, no me digas? ¡Ja ja ja!, ¿de verdad Mauricio? ¿Construiste una máquina del tiempo? ¿A esto te has reducido? —Escarnecía Karina en la cara de Mauricio.
Mauricio no decía nada, la miraba con una expresión firme e inquebrantable de seriedad. Ángel, quien estaba detrás de Karina, miraba a Mauricio con el rostro lleno de vergüenza, después de eso pensaba que Karina ya no lo vería igual. Llegó un momento en qué, entre tantas carcajadas de burla, Mauricio decidió ir por el artefacto rápidamente a una de las habitaciones y lo colocó frente a Karina.
—¿Es esto? —Señaló Karina de manera despectiva. —No puedo creerlo Ángel que tú también estés confabulado. Mira me gustas, pero no puedes seguir haciéndole caso a un físico demente y retirado como él, te va a meter en muchos problemas. Yo me arriesgué mucho trayendo la partícula R, ¿y esto es lo que me muestran?
—Bueno entonces ven y revisa el aparato para probar la partícula. Si crees que no hace nada puedes averiguarlo por ti misma, así no perderías el viaje, ¿no crees? —Refutó Mauricio ante las palabras de incredulidad de Karina. —Este aparato está hecho con materiales que te sorprenderán muchacha, anda revísalo.
Karina estaba reacia a acercarse aunque sea a unos centímetros del artefacto, pero luego miró a Ángel quien le aseguró con gestos que no había peligro alguno y también de que no se trataba de ninguna broma. Ella miró el aparato, suspiró con hastío y luego se acercó a revisar.
—Bien, veamos que tienes aquí. —refunfuñó Karina echando un vistazo minucioso. —Interesante, utilizaste acero reforzado para cubrir los sensores, el núcleo principal y los demás mecanismos importantes, ¿pero para que sirven estos pilares que se encuentran en los extremos de la máquina?
—Esos pilares emiten la radiación que será extraída de la partícula R y crearán un portal que nos permitirá movilizarnos en el espacio y en el tiempo.
—Pues es difícil creerte Mauricio, tienes más ficción aquí que una máquina real. Solo mira esta cosa, parece un tablero de juego de mesa de monopolio. Ya no te hagas esto y deja estas fantasías locas.
—Bueno entonces vamos a probarla si crees que estoy loco, solo necesito la partícula para que podamos comenzar y tú me dirás, mi brillante y querida Karina, si es verdad que estoy loco o no.
—Está bien, solo porque tengo curiosidad científica y porque me gusta burlarme de ti, dejaré que uses la partícula con esa máquina. —Aseveró Karina sacando la partícula de su bolsillo y entregándosela a Mauricio.
—¡Excelente entonces! Será mejor que traigan algo de comer con ustedes porque esta aventura será larga, ¿o no lo será? —Dijo Mauricio contento.
—No te vayas a poner de loco Mauricio. —Señaló Ángel—Ya pasamos por esto, así que enciende esa cosa para terminar de una vez por todas.
—Bien, está bien, tranquilos, ya lo haré.
Mauricio abrió uno de los compartimientos de la máquina, que se encontraba en el centro del aparato. Ya abierto, extrajo la partícula R del frasco y la vertió por completo, era como una sustancia viscosa que se endurecía al estar completamente inerte, pero si se agitaba, volvía a su estado glutinoso y así era más fácil de manipular.
Al verter toda la sustancia dentro de la abertura, Mauricio cerró la pequeña tapa y luego giró una perilla a ciento ochenta grados, lo que hizo que todo el mecanismo de la máquina se movilizara. Todos juntos, dieron unos pasos hacia atrás mientras un pequeño resplandor azul que se hizo enorme gradualmente, comenzó a manifestarse frente a nuestros tres personajes.
Cada uno de ellos estaba asombrado, especialmente Karina quien no podía creer lo que veía; había tachado por buen rato a Mauricio como un viejo demente, pero después de presenciar su máquina que al parecer, si funcionaba, se tragó sus palabras y sus burlas hasta quedarse solo con un rostro callado dibujado por la impresión. Tomó de la mano a Ángel, pero éste la abrazó mientras observaban el enorme portal frente a ellos. Mauricio estaba impresionado pero sonriente, quería reír con todas sus fuerzas pero todavía no era momento.
Luego de un minuto, el extraño círculo de energía resplandeciente comenzó a aumentar hasta arrastrar abruptamente a nuestros tres testigos. Ellos entraron a un túnel de electricidad y luego aparecieron en un entorno extraño. Quedaron desorientados por un instante pero al mirar a su alrededor no podían discernir lo que veían.
—¿Qué es esto? ¿Dónde estamos? —Preguntó Ángel quien fue el primero en recobrar el aliento.
—Creo que viajamos en el tiempo pero no estoy seguro en que época estamos. —Respondió Mauricio con una cara de felicidad casi transparente.
En cambio, por su parte, Karina se incorpora y comienza a observar con detenimiento el ambiente a su alrededor, revelando una impactante situación.
—Eh… muchachos, no creo hayamos viajado en el tiempo, es más, no creo siquiera que sigamos en la Tierra. —Aseguró Karina pasmada.
Nuestros personajes observaron con imperante asombro un cielo verde claro, habitado por dos enormes cuerpos celestes que, para su concepción, eran dos enormes lunas azules que cubrían casi la mitad del cielo. La tierra a su alrededor era como un desierto frío de color fucsia, con poca actividad de vida. Parecía que era de noche, puesto que todo estaba en ambiente nocturno pero diáfano, por la luminiscencia que otorgaba el cielo.
—¿Dónde estamos Mauricio? ¿Qué es esto? ¡Habla ya! —Preguntó Ángel en tono eufórico, completamente asustado.
—No… No lo sé… se suponía que iríamos a un época del pasado o del futuro desde nuestro punto, no a un lugar así. —Contestó Mauricio sin poder dar ninguna explicación.
—Oigan esperen, ¿oyen eso?, suena como el motor de una maquina o algo así. —Dijo Karina atenta—Creo que proviene de allá, ¡vamos, dense prisa! Quizás alguien pueda orientarnos.
Al dirigirse todos al origen del sonido, encontraron deambulando ahí a unas máquinas de cuatro ruedas con aspecto extraño y diabólico. Estas los detectaron y fueron directamente a ellos, rodeándolos. Luego de unos segundos se detuvieron y las puertas de los lados comenzaron a abrirse. De sus compartimientos salieron unas criaturas humanoides de tres metros de altura, quienes los observaron y los apuntaron con extrañas armas. Una voz grave e impetuosa se dirigió a ellos bramando dominante sobre sus asustadas mentes.
—¡Ustedes tres vendrán con nosotros a Jadid!
CONTINUARÁ...
Escrito por
. Lunes 10 de agosto del 2020
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