Cuando manda el orgullo, siempre reina la desgracia.
El orgullo nos impide ver las cosas con claridad y solucionar las situaciones hasta que es demasiado tarde.
Cuando manda el orgullo, siempre reina la desgracia.
El orgullo nos impide ver las cosas con claridad y solucionar las situaciones hasta que es demasiado tarde.