Extraño Concurso No. 35: Unos humildes, pero reales, propósitos de Año Nuevo
_Debo presentar mi última novela en el primer trimestre del año. Confío que sea un éxito de venta como las otras – leía Adriano que tenía nombre de emperador romano y se acariciaba la barba en un gesto pretencioso.
_Yo aspiro ser invitado a grandes encuentros para que cada ser en el mundo pueda apreciar mi poesía –apuntó Maximiliano que tenía nombre de emperador mexicano y ostentaba un pequeño bigote al estilo Cantinflas.
_Realmente, espero que este año sea como el anterior, en el que todos mis libros fueron apreciados por la crítica y las editoriales me invitaban a colmar de erudición los grandes teatros del mundo –profirió Pedro que prefería que lo llamaran Peter y era célebre por su falta de modestia.
Los presentes, de acuerdo a las palabras del interlocutor anterior, leían sus propósitos literarios con pomposidad y engreimiento.
En el mismo grupo estaba un joven que apenas hacía sus primeros pininos literarios. Cuando tuvo su turno, dijo de manera humilde:
_Para este próximo año espero que cada palabra que escribo sea luz para el que la lee, que cada libro sea refugio o espejo de acuerdo a las circunstancias. Que el amor que me lleva a escribir jamás desaparezca y si por cosas de la vida, la aridez de la creación llegase a mí, tenga la suficiente paciencia para esperar mis musas como se espera a un gran amor.
Todos los escritores miraron al joven como si mirasen el fantasma del pasado, al igual Scrooge, el protagonista de la novela de Dickens y luego se miraron entre ellos con pena. Después de eso, cada uno tiró sus propósitos al fuego y aplaudieron al joven con verdadera complacencia.
Esta es mi participación para el Extraño Concurso No. 35 Mis propósitos de Año Nuevo. Mi agradecimiento particular a