Hoy les quiero compartir los temas que más llamaron mi atención acerca del libro Fuera de serie: por qué unas personas tienen éxito y otras no. Este libro se divide en dos partes, la primera trata sobre los casos de oportunidad que han tenido las personas exitosas y la segunda hace referencia a como nuestra herencia cultural puede favorecernos o no en que seamos buenos en determinadas actividades.
En algún momento de nuestras vidas hemos escuchado que para ser bueno en algo se necesita práctica y entonces nos preguntamos cuánta práctica es suficiente para ser bueno en lo que queremos. Pues bien, este autor nos propone la regla de las 10,000 horas.
Se describe el caso los Beatles, quienes antes de ser famosos tocaban 8 horas diarias en un club en la ciudad de Hamburgo (Alemania). Eso les confirió la posibilidad de ser una banda extraordinaria, ya que desde el momento en que empezaron a practicar en el club de Hamburgo hasta el día que fueron famosos ya habían practicado 1,200 veces frente a un escenario.
Según un estudio realizado en la academia de música de Berlín las personas que llegaban a ser músicos profesionales habían acumulado por lo menos las 10,000 horas de práctica. Esta regla me parece interesante ya que señala que podemos ser buenos en cualquier cosa que nos propongamos, más aún si consideramos que no somos lo suficiente buenos en algo ya que solo se necesita práctica.
En la primera parte también el autor nos cuenta la historia de éxito de Bill Gates, de Joe Flom y de los mejores jugadores de Hockey en Canadá explicando qué fue lo que los convirtió en personas fuera de serie.
En la segunda parte del libro el autor explica como la herencia cultural nos hace buenos en determinadas actividades, por ejemplo el por qué las personas en algunos países de asía (China, Japón y Corea) son tan buenas en las matemáticas.
Las personas necesitamos mínimo dos segundos para memorizar algo que veamos, así que si observamos una serie de números es posible que solo podamos recordar la mitad de ellos. Veamos este ejemplo, de una serie de dígitos como 6, 5, 8, 7, 4, 3 y 9, la mayoría de hispanohablantes solo podríamos recordar la mitad y las personas asiáticas toda, en los primeros dos segundos. Pero ¿por qué sucede esto si ambas culturas tenemos la misma capacidad de memorizar los números? La respuesta está en el idioma. Nuestra forma de nombrar los números es muy larga, en el caso del 7 para nosotros es siete para un asiático es qi, es decir si la cantidad de letras para nombrar sus números es menor podrían memorizar más dígitos en dos segundos. Ahora, las sumas y restas son aún más interesantes, si nosotros queremos nombrar el número 11 décimos once, pero en una traducción de los asiáticos el 11 sería dieciuno, el 12 es diecidos y el 13 es diecitres. Es decir, que los números siguen una secuencia lógica también en las palabras y al hacer sumas o restas es más sencillo porque prácticamente ya está resuelta la ecuación. Por ejemplo, si los asiáticos quieren sumar 12+13, seria diecidos más diecitres es igual a dosdiecicinco, osea 25. Mientras que en el caso de un hispanohablante hay que convertir la ecuación 12+13 a las letras doce más trece igual a veinticinco y luego convertir las letras a números para dar la respuesta de 25. Esto es el doble de trabajo por lo cual nuestro cerebro se demora más en hacer la operación. Quién lo creyera, nuestro idioma es una barrera en las matemáticas.
Otra barrera en nuestro idioma es el lenguaje mitigado, este se suele utilizar en países como Colombia y Corea del sur. En muchas ocasiones el lenguaje mitigado se usa para hablar frente a una figura de autoridad o hacia personas desconocidas. El problema con esta forma de expresión es que por intentar ser muy formales el mensaje principal en una idea se pierde. Veamos un ejemplo, yo necesito que mi supervisor revise un informe de manera urgente, lo correcto sería que le dijera directamente que revisara el informe urgentemente. Pero como es una figura de autoridad utilizó el lenguaje mitigado y término diciendo algo como esto: podría por favor revisar el informe, pero no se preocupe si no alcanza es solo si a usted le queda tiempo. En esta oración la palabra urgente no está, ni siquiera se insinúa, por lo tanto el supervisor no lo verá como algo urgente. Este tipo de lenguaje ha ocasionado accidentes de tránsito aéreo, en el libro el autor describe varios casos impactantes acerca de los accidentes de aviones debido al lenguaje mitigado.
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