Pasar unos pocos días en un lugar tranquilo, centrado en lo natural, lejos de la tecnología, del ruido, de la bulla de la ciudad, del humo de los carros, puede hacernos ver lo mucho que nos hace falta tener esos momentos de tranquilidad que nos de el contraste ante lo cotidiano para volver a estar en paz y armonía con nosotros mismos.
La mayoría de las personas no ve lo que están produciendo en su salud con la permanente exposición al estrés cotidiano, a los contaminantes que enfrentamos a diario, no caen en cuenta en lo mucho negativo que se hacen sino hasta el momento en el que los contrastes empiezan a salir, empiezan a verse, sólo lo perciben cuando se detienen a analizar lo que hacen por un momento de reflexión o si, por cuenta propia, se toman algunos días para estar en un lugar alejado de la realidad diaria.
Este punto es algo importante que debemos siempre considerar si queremos que nuestra salud sea mientras vivamos, porque la verdad es que en el momento que pasamos 10 o más años haciendo lo mismo, con el mismo nivel de intensidad, puede ocurrir que estemos en un círculo vicioso muy dañino, incluso sin darnos cuenta.
Recientemente he estado alejado de lo cotidiano sólo un par de días, no más, en un espacio de tranquilidad absoluta, y me sirvió para reflexionar lo suficiente como para decirme sin lugar a ninguna duda que debo activarme con algunos cambios, obligatorios podría decir, ya que lo que estoy haciendo no es sano ni mental ni físicamente.
Se bien que siendo jóvenes pensamos que realmente podemos con todo, y no siempre es así, puede que lo sea por un momento, ero llega el punto en el que debemos parar y darle tiempo a nuestro organismo a recuperarse de todo lo que le hemos hecho.