–Que no Xavi, que los regalos en mi casa no los traen los Reyes Magos, los regalos los trae El Niño Jesús.
–Pero ya no vives en Venezuela Mati, y aquí no viene el niño Jesús, aquí se encargan de los regalos los reyes magos. Si eres muy muy bueno puedes recibir doble regalo, uno de Papá Noel en noche buena y otro de los Reyes Magos.
Así los encontré discutiendo sobre la navidad; hablaban tan seriamente que nadie creería que solo tienen 7 y 8 años. No me atreví a interrumpir y seguí escuchando a escondidas.
–Pero el Niño Jesús tiene super poderes, él puede encontrarme dónde quiera que yo esté. ¡Que él es el hijo de Dios! ¿Cómo no va a poder?– Dijo Matías abriendo mucho los ojos y poniendo las manos en su cintura mientras veía a Xavier con una mirada retadora. Creía que con ese argumento ya todo estaba zanjado.
–Matias, no seas ingenuo, que es cuestión de jurisdicción– Lanzó aquella afirmación tan serio que casi me descubren por reírme. Aguanté la risa, pero ¿acaso sabría aquella miniatura lo que era la jurisdicción? Esto se ponía cada vez más interesante.
–¿Juricacion?–Preguntó Matías con la voz quebrada, creo que esa palabra desconocida y que sonaba tan seria le empezaba a derrumbar su argumento. Se me arrugó el corazón, mi pobre niño se había tenido que adaptar a demasiados cambios con esto de la migración. Me ví tentada de intervenir, pero Xavier habló de nuevo.
–Jurisdicción, Matías–empezó a explicar gestualizando y vi como adoptaba expresiones de su padre, mi primo, cuando intentaba cerrar un negocio.
–Significa que cada uno se encarga de un país–continuó– en Venezuela es el niño Jesús y acá son los Reyes Magos y Papá Noel. Debes hacer tus cartas a ellos.
–Pero cuando vivimos en Perú el niño Jesús me llevó mis regalos– Su voz sonó tan triste que pensé que empezaría a llorar. Entonces me fijé que tenía los puños apretados.
–Pero tu me contaste que a Perú se fueron en un bus, así que no debe estar tan lejos. Ahora has tenido que venir en avión.
Hablaban como dos adultos y la conversación se acaloraba cada vez más, tenia que intervenir, pero aún no sabía cómo.
–Si tu tienes razón entonces no voy a recibir ningún regalo este año–Dijo mi bebé con lágrimas empezando a salir de sus ojos.
–¿Por qué lo dices, Mati? Solo debes hacer tu carta a los Reyes y ya está.
–Es que yo acabo de llegar... –Dijo con la voz ahogadita por el llanto y mi corazón me dolió tanto que quise abrazarlo, pero si me descubría espiando se iba a enojar.
–Ajá ¿y eso qué?– le dijo Xavi viendolo con extrañeza.
–¿Cómo les voy a pedir regalos si no me conocen?–su vocecita ahogada conteniendo las lágrimas.
–Ellos no saben si me he portado bien o mal, ellos no saben que... –Se le quebró la voz y rompió en llanto.
Justo cuando iba a intervenir habló Xavi de nuevo:
–Ya no llores, que yo tengo la solución a tu problema– lo dijo con una enorme sonrisa y de inmediato mi Mati dejó de llorar.
–¿Si?–Preguntó un poco desconfiado y sorbiendo los mocos.
–A mi siempre me traen dos regalos, este año pediré uno para mí y el otro para ti. Ya el próximo año tu haces tu carta.
Ahora era yo la que lloraba mientras veía a mi hijo con los ojos abiertos como platos y sonriente, ante el gesto de su primo. Un primo que había conocido hacia escasas semanas cuando llegamos al país.
–¿Harías eso por mi?–Preguntó sorprendido, pero emocionado.
–Claro, pero ya no llores– dijo sonriente.
Me fui lentamente y me sequé las lágrimas para que ellos no me vieran así. Mi primo me vio llorosa y me preguntó qué pasaba. Le conté todo y él también se sintió conmovido. Llamó a los niños para darles una merienda y entonces les dijo:
–Xavier, necesito tu carta para los reyes magos, ya va siendo hora de enviarla. La tuya también Matías.–Mi pequeño lo miró sorprendido– sí, también la tuya no me mires así. Ya el niño Jesús mandó tu expediente a los Reyes Magos y ellos van a traer tus regalos junto a los de Xavi.
No puedo describir la cara con la que se vieron los niños, ni los gritos de alegría que llenaron la casa aquella tarde. Habíamos tenido que superar tantas cosas, mi niño había tenido que dejar dos veces el lugar que llamaba hogar y aquí estaba adaptándose de nuevo. Estaba muy agradecida por tener un niño tan fuerte, valiente y amoroso; por tener un primo que se habia ofrecido a ayudarnos a empezar de nuevo y hoy él y su hijo habían rescatado la navidad en nuestros corazones.
¡Saludos, mis queridos lectores!
Esta es la cuarta entrega de Escenas Navideñas, una serie de relatos cortos, ejercicios de narrativa quizás muy parecidos a la realidad, pero totalmente ficticios, en donde vemos pequeños instantes navideños, a través de distintos ojos.
Aquí pueden leer las entregas anteriores:
¡Hasta la próxima entrega!
Imágenes de mi autoría, tomadas con teléfono redmi 9a.