Braulio, tenía ojeras y se sentía muy cansado, otra vez las peleas de los gatos en el tejado no lo habían dejado dormir. Mientras se miraba en el espejo y se disponía lavarse la cara, vio que la barra de jabón estaba mordida por ratones "Maldito gato, solo sirves para pelear y pedirme comida", pensó algo molesto, pues no era la primera vez que esto pasaba. Tiró el jabón mordido y sacó otro de un cajón. Se lavó la cara se fue al trabajo.
El día en el trabajo era lento y aburrido, debía ingresar montones de datos al sistema; facturas y revisión de inventario, pero tenía mucho sueño y el frío del aire acondicionado lo adormilaban más. En algún momento lo venció el sueño y se quedó dormido sobre el escritorio. Soñó que estaba en una enorme biblioteca, una de esas que salen las películas y que tienen paredes llenas de libros y escaleras para alcanzarlos. El bibliotecario era un viejito encorvado y con cara de rata, iba vestido con un traje gris muy elegante y con un gesto lo invitó a recorrer el recinto. Así que se paseó entre los estantes ojeando libros con títulos desconocidos para él. Eran muy bonitos, todos ediciones de lujo con tapa dura y algunos con letras doradas. Había uno cuyas ilustraciones lo miraban de vuelta y se reían, pero eso no le dió miedo, le pareció normal. En uno de los libros encontró un ticket escondido, tenía delicados dibujos dorados de lirios y pequeñas siluetas de gatos bajo la luna, tenía una serie de números: 12 23 28 42 48 "¿será de lotería?", preguntó para sí mismo. Quizá alguien lo usó para marcar aquella página en la que se podía leer un triste poema. "Morir, eso no se le hace a un gato." pudo leer entre las líneas y le pareció la frase más triste del mundo, mientras pensaba en su escandaloso Verano que no lo dejaba dormir y no se comía los ratones de la casa.
Una mano en su espalda lo trajo de vuelta del mundo de los sueños, era su jefe mirándolo con mala cara. "Maldición, me dormí en el trabajo", pensó molesto él mismo, mientras su jefe le levantaba una amonestación. Terminó la jornada, pero tuvo que quedarse media hora después de su horario como sanción. Camino a casa había una chica muy linda con unos ojos amarillos que pensó debían ser lentillas, pensó que parecía un gato y se rió de aquel pensamiento. Ella estaba en un kiosko que vendía boletos para la lotería y entonces se acordó del sueño y por un instante recordó todos los números del sueño. En un impulso decidió comprar el ticket con esos números, más por hablarle a ella que por otra cosa. Le parecía muy linda e interesante, con un aire misterioso.
Braulió llegó a casa con el boleto de lotería y el número de la muchacha, más feliz que un niño con dulces. Lo recibió Verano, todo zalamero pidiendo atención. Entonces se dio cuenta de que su pequeño tigre gris, le había dejado en los pies el cadáver de un pequeño ratón de cola larga y orejas grandes. Se echó a reír mientras levantaba a su peludo amigo y lo abrazaba.
Esta es mi participación para "Cuentame una historia" de esta semana. Les dejo el link a la convocatoria e invito a
y
a que cuenten una historia también.
Imagenes de mi autoria, tomadas con telefono Redmi 9a