Seducido por la página en blanco
–la pantalla vacía–
alguien reincide en el ejercicio
del trapecista o del artista del hambre
–insistimos, insistimos, dijo el poeta–
quizás para nombrar la incertidumbre
para encontrarse ante sus preguntas
para posponer su desasosiego
¿Podía dejar de hacerlo? Olvidar negar…
¿En qué ciclo existía su alma?
De las cuevas de Altamira al babélico caos
de estos violentos tiempos
seguía siendo su noche (o su día)
la necesidad de la palabra
entrar con ella al crepúsculo
con la “ardiente paciencia”
Hace unos años, en este día, publiqué este post.
Gracias por su lectura.
