Barra en herradura
Propuesta
Cocinando
Barra
Sopa
Escenario
Vista del sitio
Cerveza y tequeños
Banda de Miss Venezuela
Selección de fútbol de Venezuela
Comer... una de las actividades humanas más básicas, la hemos convertido en arte…!
Ayer fue día de salir para quitarnos el encierro de encima y aunque hoy hemos amanecido un poco quebrantados, ha valido la pena. Dado que se están jugando las jornadas 5 y 6 de las eliminatorias suramericanas para el mundial de fútbol FIFA 2026, nos apoyamos en baquianos de Buenos Aires para que nos recomendara un sitio donde ir a ver el partido que enfrentaba a Venezuela contra Ecuador en Maturín, Estado Monagas. Gabriela Balbás fue quien nos dio la recomendación de ir a una arepera famosa en Buenos Aires, llamada Miss Venezuela ubicado en Humboldt 2341. Cuando entramos al lugar quedamos en shock.
Fue como viajar en el tiempo hacia el pasado. El local está adornado con motivos referentes a la época de oro del concurso que nos ha puesto en el mapa global, por nuestras hermosas mujeres. Es una elegía a nuestra cultura de reinas de belleza y a su indiscutible tino escogiendo féminas que se han ganado el corazón de los venezolanos. Pantalla gigante al fondo en un escenario que, imagino, sirve para noches de stand-up comedy o presentación de bandas. Pero era noche vinotinto. Pedimos unas cervezas y unos tequeños. El local estaba un poco vacío cuando promediaba la primera mitad del juego, pero se fue llenando mientras avanzaba el trámite en el Monumental. Los tequeños estaban aceptables y la cerveza buena. Buenos Aires tiene una cultura cervecera artesanal de primera línea.
Culminó un aburrido juego donde no se quisieron hacer daño, tras la anulación dudosa de un gol legítimo del Ecuador y las escasas oportunidades de peligro creadas por los nuestros. Se debe ganar cuando se es local si se desea aspirar a algo en las eliminatorias suramericanas para el mundial. Habrá que liquidar en Lima para poder recuperar esos dos puntos que se escaparon. Pagada la cuenta, nos fuimos caminando hasta el restaurante donde me encontraría con mi hijo, puesto que quedaba relativamente cerca: Honduras 5908, Emperador Meiji se llama el restaurant. Tiene la comida japonesa como propuesta en dos ambientes. El primero con mesas bajitas y almohadones para comer junto al suelo, tal como es costumbre milenaria en el Japón rural. El segundo ambiente queda en el piso de arriba y es una barra en herradura donde tres chef preparan propuestas libres.
Solo aceptan dos rondas de comensales en primer y segundo turno, por lo que si deseas probar tienes que hacer reserva con tiempo. Pedimos Sake y una bebida de autor llamada Vodka Jazmín. Muy ricas ambas (confesión: es la primera vez que pruebo sake frío). Comenzó el show de comida y cada bocado estaba precedido por una presentación pormenorizada del chef que lo había elaborado. Sí, es medio fastidioso comer a ritmo que te impongan los demás, pero esto forma parte de la experiencia. Uno tras otro, 18 rondas de bocados llenaron de placer culinario nuestro estómago. Solo uno de los bocados me desagradó: una especie de roll de salmón con relleno de tartar de atún y coronado con yema de huevo de codorniz. Al final, luego del postre, los chef preguntaron si todo bien y con mi característica falta de filtro abogué porque retiraran el dichoso bocado del menú. Mágica comida y redonda noche. Nos leemos por allí.