El ser una persona saludable no se construye de un día a otro, tampoco nace de la nada como si fuera magia. Es simplemente el resultado de un día a día luchando contra diversas tentaciones, pero poniéndose siempre de primero, eligiéndose a una misma por encima de la gratificación instantánea. Y sí, hoy me siento superculpable con todos los antojos que han pasado por mi mente como locas ideas, jajaja. Es que es una cosa impresionante, hoy no me quiero comer un solo dulce, ¡quiero comerme mil! La mente te juega sucio cuando estás intentando cambiar. Algo que me ha ayudado muchísimo a frenar estos antojos de locura ha sido la excelente opción de comer los "dulces de Dios", que es como bellamente les dice mi hijo. Con esto me refiero a todas las frutas, y hoy en particular me comeré una manzana para calmar la ansiedad.
Llevaba demasiado tiempo dándole vueltas al asunto, pensando en la gran pregunta: ¿cómo comenzar? Pero al final lo hice muy fácil. Me metí en una inteligencia artificial, le di mi talla, mi peso, mi edad y respondí otras preguntas, y con eso pudo armarme un menú con el cual, créanlo o no, he rebajado 4 kilos en tan solo 15 días. Pero, ¿es la tecnología la dueña de mis victorias? Pues claro que no. Y aunque la herramienta tenga que ver en el proceso, la única ganadora de todo esto soy yo. Es que como dice el dicho popular, el que quiere besar busca la boca. Pues yo me metí en la cabeza la firme idea de hacer una dieta que me permitiera comer de forma sana, y así fue como logré llevar a cabo lo que hoy en día es mi plan de alimentación, por mi propia cuenta y voluntad.
Cada quince días me tomo el tiempo de porcionar mis alimentos, peso absolutamente todo, cocino y organizo mi semana por completo. Antes veía a las chicas de Instagram haciendo esto de las cajitas de comida y me parecía un verdadero imposible, algo de otro mundo. Hoy en día ya le agarré el ritmo, sé perfectamente lo que me gusta, qué debo comprar en el supermercado, cómo lo debo guardar para que se conserve, etcétera. Pero ojo, eso no quiere decir que las tentaciones hayan desaparecido mágicamente. Claro que existen, y ahora mismo las siento más que nunca, superfuertes, superllenas de fuerza, como queriendo tumbarme el proceso.
Es que al final del día, intentar no fallarse a una misma no es nada fácil, ya que la ansiedad nos ataca por donde menos lo pensamos y en el momento más vulnerable. Y ojo, cuando comenzamos una dieta, o mejor dicho como me gusta llamarlo a mí, un proceso, siempre hay alguien que sin querer te ofrece de todo, jajaja. Te sale pan, torta, donas, de TODO en el camino. Por ejemplo, ayer mi hermana me visitó y trajo una Coca-Cola y un pan de guayaba. Yo miraba ese pan y pensaba: si como un poquito, ¿qué puede pasar? Pero al final no lo hice, me mantuve firme. Y no lo hice porque no se trata de lo poco o lo mucho que coma en ese instante, sino de que sé perfectamente que morder ese pan es el inicio de empezar a fallarme otra vez. Y creo que lo ideal no es romper un compromiso tan grande contigo misma por un simple pan.
Pero ahora seamos más intensas, más sinceras con lo que se siente por dentro. Una dieta, o este proceso como lo estoy llamando, no es simplemente el hecho de ser restrictivo con lo que te metes a la boca. Esto va muchísimo más allá. Claro que duele cuando apartamos de nosotros algo que nos encanta, sí, pero el verdadero dolor llega cuando sentimos que no somos capaces de gestionarnos a nosotros mismos, cuando la comida nos domina. De siempre admiré a esas mujeres que se cuidan, que si hoy la moda es estar fitness ellas lo logran, pero ahora entiendo que no es moda, es que se eligen todos los días. Controlar lo que piensas, ganarle a la ansiedad y comerte el "dulce de Dios" en lugar del pan de guayaba es la verdadera victoria. No es fácil, cuesta horrores, pero ver que sí eres capaz de dominar tus impulsos es lo que te hace sentir que por fin tienes el control de tu vida.
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