Salvando el día
En la casa se respira violencia, sangre,
pólvora que aún no acaba de asentarse en el suelo.
Hay gritos, estruendos de cosas
que se rompen, se derrumban,
y uno que otro silbido que recorre
el aire tratando de alcanzar a la bala
que lo trajo al mundo.
Todos estamos con los nervios de punta,
las manos apretadas, los ojos bien abiertos,
el alma en un hilo y el corazón en vilo,
y justo cuando todo parece estar perdido,
hasta dejamos las palomitas de lado
cuando finalmente aparece el héroe a salvar el día,
devolvernos la esperanza,
y regresarnos a la realidad.
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