Hay días en que la tierra no es solo el suelo que pisamos, sino el silencio que nos cubre.
Días en que la vida nos entierra sin pedir permiso, y ahí, bajo capas de rutina, dolor o cansancio… comienza a nacer algo.
No lo vemos. No lo entendemos. Pero algo dentro nuestro empieza a moverse, como una semilla olvidada que reclama su flor.
He llegado a este punto de mi proceso en donde la tierra ya no me pesa. Al contrario: me sostiene.
Después de días de remover raíces invisibles, de limpiar mis sombras con ajo y memorias con lágrimas, me doy cuenta de que esta tierra que parecía barro… es en realidad cuna.
Una cuna cálida, maternal, que me invita a recostarme un instante y rendirme. No para perder, sino para volver a mí.
🌿 La voz que susurra desde lo hondo
Cuando una mujer toca tierra, algo se revela.
El ego se calla.
La prisa se detiene.
La voz de adentro comienza a susurrar con una dulzura que estremece:
“No corras.
No te escapes.
Quédate aquí.
Abónate.
Respira.”
Es ahí donde comienza la sanación verdadera. No en el aire alto, ni en los aplausos, ni en las metas cumplidas.
Empieza cuando una se sienta en su propia tierra, la riega con lágrimas y reconoce:
“Estoy aquí.
Estoy viva.
Y estoy lista para florecer.”
🪷 El alma se remueve como la tierra húmeda
Hay movimientos internos que nadie ve, pero que transforman todo.
Así como la tierra se remueve en silencio para dar paso a las raíces, también el alma se conmueve en su oscuridad para abrir nuevos canales de luz.
No hay espectáculo.
No hay público.
Solo el alma y su verdad: una danza silenciosa de memorias, heridas y renacimientos.
He aprendido que cuando todo afuera parece detenerse, es porque algo adentro está comenzando a florecer.
La tierra me recuerda que el cambio no siempre se anuncia, pero siempre se prepara.
**🌸 Volver a mí no es una frase bonita. Es una elección valiente.
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Significa mirarme sin filtros.
Escuchar lo que callé por años.
Abrazar la parte de mí que quise esconder.
Y al hacerlo, nutrirme como quien prepara el suelo antes de sembrar: con amor, con compasión, con presencia.
En esta serie de 30 días estoy aprendiendo a hablar con mi raíz, a confiar en que cada día es parte del ciclo, incluso cuando no veo resultados inmediatos.
Hoy, en este día , quiero honrar este momento como lo que es:
Una etapa profundamente sagrada, aunque silenciosa.
🌍 Este mensaje es una continuidad de este Día 4: La tierra , un mensaje que compartí desde mi experiencia esta mañana
👉 Esta reflexión continúa lo compartido en el Día de hoy La tierra: cuando el silencio también florece. Si aún no lo has leído, te invito a sumergirte en él y conectar con la base de este proceso que hoy continúa profundizándose.@florecemujer/dia-4-de-30-or
No tengo todas las respuestas. Pero tengo la tierra.
Tengo mi raíz.
Y tengo este corazón que, a pesar de todo, sigue creyendo en la magia del florecimiento lento.
Si estás leyendo esto y sentís que también estás en una etapa de remover tierra, no estás sola.
Quizás no se ve desde afuera, pero te prometo: estás creciendo por dentro.
Gracias por leer con el alma.
Seguiremos mañana… paso a paso, palabra a palabra, raíz a raíz.