El 12 de noviembre de 1648 (o 1651) es la fecha de nacimiento de quien es uno de los pilares de la literatura hispanoamericana, columna de las letras hispánicas en general, y puntal del ejercicio de los fueros de la mujer. Hablo de Sor Juna Inés de la Cruz.
A ella, como dice un famoso himno, debemos “solícito amor”; es decir, leerla en su amplia y gustosa poesía, pero también en su epistolario, donde se despliega con palmaria presencia su inteligencia singular, atravesada por lo barroco y lo clásico; recomiendo particularmente su carta conocida como ”Respuesta a Sor Filotea de la Cruz”.
No sé si les ocurre ante un “descubrimiento” personal de un autor que les concierne. En mi caso, Juana Inés de la Cruz lo ha sido. Así quise que se sintiera y entendiera durante mis varios años de profesor universitario de literatura hispanoamericana (creo que funcionó, al menos en algunos alumnos). Pero, en lo personal, cada vez que puedo vuelvo a ella; me deleito en su sensorial y conceptual poesía, y en la inolvidable carta que les nombré. En su homenaje publiqué por aquí esta microficción el año pasado (enlace). Y ahora, un ejercicio poético, sin ninguna pretensión, en homenaje a ella, en el que juego con sutiles referencias a su vida y a su obra.
***
Declarado sueño,
el del vuelo del pensamiento
y su inevitable caída,
como un ícaro de tu alma,
Juana de Asbaje,
Juana Inés de la Cruz.
Tu desengaño,
revelador de máscaras y espejos,
de vanidades y contrastes,
es retrato del fementido
mundo y sus congéneres,
Juana de los amores
y del deseo prohibido.
De la pasión censurada,
del acoso varonil fingidor,
de las falacias del poder
eclesial y profano,
de la gozosa aventura del saber,
del ánima de mujer cimentada,
nos sigues dando vivas señas,
Sor Juana Inés de la Cruz.
Gracias por su lectura.
?