Son ya 50 años sin tener la voz viva del poeta Aquiles Nazoa, quien murió en un accidente automovilístico el 25 de abril de 1976.
A Aquiles, como siempre le decíamos, dediqué dos posts: 1 y 2. En esta oportunidad, le escribí una microficción, donde lo imagino el día de su muerte.
Quería ir a buscar una muñeca de trapo que le había encargado a mi amiga, la negra Berta Vargas, la hermosa artesana de Cerezal. En mi viejo escarabajo había recorrido mi país muchas veces, con las paradas obligadas en los parajes únicos, aquellos frente al mar, o los del placer de la gastronomía popular (¡Ah, las sabrosas empanadas de cazón!).
El trayecto de mi vida, desde aquel oficio de carpintero o de botones del Majestic en Caracas, o la experiencia acendrada en mi barrio del Guarataro, se había hecho del gusto por lo más sencillo. No fue gratuito aquello de “Las cosas más sencillas”, programa radial o televisivo que tanto disfruté haciendo por años.
En mi poesía quise ser la voz de ese sentir, con el humor tan propio del venezolano, pero también de la ironía que nutre al pensamiento, así como de la libre imaginación. Por eso aquello del caballo bien bonito que echaba rosas por el culito.
Sé que Mariíta estará siempre pendiente de mi suerte, y me acompaña desde su tierno corazón. Hoy puedo estar tranquilo, y, como aquel poeta de la rosa, viviré en la belleza de las cosas.
Les dejo una grabación de "Historia de un caballo que era bien bonito" en la voz del propio poeta.
