III.Luna
Apenas son las 8:30 y ya la oficina está llena. Hay gente transitando de un lado a otro en los casi cinco metros cuadrados, también hay montañas de papeles. Eso solo significa una cosa: ¡Cierre!, el temible inicio de mes. Luna casi había olvidado la fecha, tendrá que dejar de pensar por un momento en los ojos de aquél muchacho y ponerse para los informes y el papeleo. «Pero aún quedan preguntas, ella sabe que es peligroso seguir pensando en él, que corre el riesgo de buscarlo, de ir a la misma parada, de abordar el mismo bus todas las mañanas, de llegar tarde al trabajo siempre, solo por el intento; Luna lo sabe, pero por lo menos hoy no puede evitar pensarle» ¿acaso tendrá nombre, dirección, teléfono...? ¿Vivirá
muy lejos? ¿Volveré a verle? Son demasiadas preguntas para solo un par de miradas.
El director ya está dando vueltas, es un señor bastante amargado y retrógrado, los mira a todos en la oficina de forma inquisitoria. Este hombre hubiese sido muy feliz en el siglo XIX, con un látigo y una partida de esclavos a su servicio. Detrás de la fachada de “cuadro cumplidor” se esconde una mente cuadrada y una más abstracta consciencia de explotador.
No es odio, simplemente las personas así le causan alergia…
Luna se dispone trabajar cuando suena el teléfono, un mensaje tan temprano sólo puede de ser alguien:
– pelúa komo amaneces? t odio...
Es Lucy, quien no debe tener mucho trabajo porque se pasa el día pegada al celular. Luna apenas tiene tiempo ni ganas de escribir, prefiere llamarla.
– Hey ¿cómo estás?, estoy hasta aquí de papeles –Luna se toca la frente en un ademán de obstinación como si su interlocutora la observara–
– Bien, llegando al trabajo, sin mucho que hacer ¿algo nuevo?
– Casi…
– Cómo que casi, ¿qué significa eso?
– Es que cogí un transporte porque llegaba tarde y me pasó algo raro
– ¡Cuenta, cuenta!
– Había un muchacho que no paraba de mirarme y la verdad yo tampoco podía dejar de observarle, tenía la mirada penetrante ¿Sabes?
– ¡Uy! Mira si hasta te está cambiando la voz – No, chica… en serio fue algo rarísimo
– ¡Pero yo quiero detalles, cuéntamelo todo! ¿Te gustó?
– No se trata de eso, de gustar o no, a ver… eran sus ojos, parecían tristes pero sin embargo no dejaba de mirarme, como si estuviera viendo algo en mí, a través de mis propios ojos, como si buscara algo…
– ¿Y tú qué hiciste?
– creo que me mordí el labio, no sé, no recuerdo bien.
– ¿te mordiste el labio?, pero a ti sólo te faltó besarlo –Lucy se ríe sonoramente del otro lado, es la mejor amiga de Luna, sabe que la conoce y que esa reacción no significa cualquier cosa…–
– ¡Mira que eres terrible!, Lu ya tengo que colgar, anda el Mayoral por aquí, ya sabes cómo se pone esto a inicios de mes.
– Pero… tú no puedes dejarme así, tienes que contármelo todo, ¿volverás a verlo?
– Yo te llamo más tarde, ahora déjame trabajar
– ¡Fíjate, no hay excusas!, chao
Luna sostiene la respiración y se zambulle entre los papeles, pone el modo piloto automático y se dispone a trabajar… sus colegas se pasean de un lado a otro de la oficina, remueven papeles por aquí y allá, el repicar de los teclados es el sonido por excelencia, hasta que la música va ocupando el espacio poco a poco, tenue, tímida como la mirada de Luna todavía acompañando a su misterioso muchacho del bus.
…Nos dijimos adiós, ojalá que volvamos a vernos …
Este es el Capítulo 3 de #QueSeLlamaSoledad, una mini novela que escribí por 2018, ayer no pude publicar porque estuve bastante ocupado (digo yo como si alguien me leyera jajaja), espero que les guste el capítulo de hoy.
Imagen de 愚木混株 Cdd20 en Pixabay.com #Español