El gran dilema: Parte 2
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Es recomendable leer primero la parte 1 de este escrito antes de continuar con la parte 2: 🔗 Parte 1
El señor Carrasco cerró la puerta del pasillo interior con cuidado, después de mirar por un momento más a la recepcionista, y seguidamente guió a su visitante hasta la puerta de su oficina. En ese otro pasillo habían situadas varias puertas, pero la del encargado de relaciones públicas era de las primeras, y no debieron caminar mucho. El señor Vargas entró por la otra puerta a invitación de su anfitrión, y éste lo siguió, la cerró, y caminó hacia su escritorio para colocar su portafolio encima.
En el interior olía a fresa, y se sentía un poco de frío, a pesar de que en el pasillo exterior también actuaba el sistema de climatización del edificio. En las cercanías de la pared del fondo era donde estaba situado el macizo buró de material sintético, con su imponente silla giratoria negra. En las inmediaciones del mueble estaban situadas unas butacas de felpuda cubierta de color marrón decorada con figuras enrevesadas.
—Por favor, siéntese como en casa, enseguida lo atiendo —dijo el señor Carrasco a la vez volvía a moverse hasta una pequeña nevera azul pálido colocada en una de las esquinas del recinto decorada con plantas ornamentales. El anciano se sentó en una de las butacas y lo miró coger un vaso del portavasos situado encima de la nevera—. ¿Desea agua, o un vaso de soda? —preguntó seguidamente el señor Carrasco.
En las cercanías de donde estaba la nevera, una gruesa cortina también marrón, resplandeciente en un costado por la luz del sol poniente, lo teñía todo con su luz cálida y ocultaba el paisaje que debería verse a esas alturas a través de una amplia ventana de vidrio.
—No, no, gracias... no es necesario —dijo el señor Vargas gesticulando con la manos y la cabeza—. En cuanto a mi nieta, me gustaría saber los deta...
El señor Carrasco lo detuvo con un ademán imperioso de su mano, se bebió un vaso de agua como si acabara de salir de un desierto, y luego, después de colocar el vaso en su sitio, fue a sentarse ante su escritorio donde entrelazó los cortos dedos con la mirada en el rostro de su visitante.
Por un instante más se mostró pensativo antes de comenzar con su parlamento con una voz pausada.
—Mi estimado señor Vargas, la situación actual es complicada, no crea, recuerdo mi promesa de hace como un mes o poco más... pero lamentablemente no han valido de mucho mis esfuerzos, y ahora se lo explicó de modo lo comprenda —dijo el señor Carrasco y cogió un bolígrafo de un ordenador de su escritorio como para escribir algo, mas en vez de eso se dedicó a moverlo entre sus dedos. El anciano negó con la cabeza como intentando rechazar la realidad y el silencio se hizo tan grande que pudo escucharse el leve susurro del aire helado que salía por las rendijas del falso techo—. El problema está sobre todo en la convención de Roma, como le había dicho antes... y también en esos grupos de presión en el gobierno, entre otras cosas que más vale no mentar. La tecnología que desarrollamos resultó complicada en el plano religioso, y cierto grupo de... personas, expresó su "preocupación" por ella... sin mencionar a los musulmanes, para no complicar mucho más este asunto —manifestó e hizo una pausa para ver como ahora el anciano asentía deprisa mientras se inclinaba adelante y estrujaba su sombrero—. Los evangelios son claros, señor Vargas, a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, ¿no es así? Es por eso que nos vimos obligados a poner un cierto límite, cuando a algunos les dio por acusarnos de ladrones de almas y cosas por el estilo —las cejas en el redondeado rostro sonrosado volvieron a enarcarse sobre los ojillos azules—. Es posible sepa como no es bien visto estar hablando mucho de esto, tal vez se lo haya dicho en otro momento, y por eso no puedo extenderme, sólo puedo decir que ciertos líderes religiosos insisten en creer que nuestra tecnología podría hacer tambalearse a la fe, si bien también invocan la sobrepoblación y otros problemas de nuestra época cuando eso les conviene... Pero debido a esta situación no hemos podido dar acceso pleno a nuestros servicios a todas las personas como pensábamos en un inicio, en contra de nuestra voluntad, por supuesto... y como su nieta está bautizada cae en la categoría de los fieles... así pues, como le he dicho, a pesar de mis esfuerzos no han valido de nada las gestiones y no nos han dado el dichoso permiso —volvió a decir más tarde cual un tanto molesto.
El anciano asintió otra vez, con tristeza en su rostro, cuando su interlocutor suspiró impotente, sabía del poder acumulado por algunas instituciones en las últimas décadas, entre ellas las religiosas, y para empeorar desde hacía como un siglo varias organizaciones islámicas también habían estado intentando imponer sus propios principios en todos lados donde habían sido recibidos.
La tecnología desarrollada por esa empresa hubiera salvado tan fácilmente a su nieta enferma si no fuera por los enredos filosóficos de toda esa gente, sin embargo, se había filtrado como algunos de esos líderes detractores no habían dudado en usarla en sí mismos cuando se trataba de sus personas.
Por su parte había hecho hasta lo imposible por conseguir el dinero, si bien debía reconocer no se necesitaba tanto como podría esperarse si se tenía en cuenta lo recibido a cambio; había pedido ayuda a sus amigos, había conseguido préstamos, y había logrado obtener socorro de organizaciones de veteranos de guerra.
Por eso sólo faltaba ese bendito último permiso tantas veces negado, y sus recursos no daban para sobornar a los indicados como de seguro otros hacían.
—Es cierto, lo entiendo, señor Carrasco... en verdad todo esto es algo estúpido, como si fuera la edad media de nuevo, pero... no se preocupe, no es su culpa —murmuró el señor Vargas tras una pausa, con expresión de estar distraído, y se puso de pie con trabajo, como si de pronto sus fuerzas hubieran menguado. Por unos instantes más miró como si no lo viera al encargado de relaciones públicas, otra vez jugando con su sombrero entre sus manos—. En realidad había tenido esperanzas, mi nieta es tan jóven... pero usted ha hecho todo lo posible y se lo agradezco mucho.
El hombre obeso se mostró más afectado esta vez, se tambaleó negando como si bailara con su cabeza, y también se puso de pie para caminar hasta donde estaba el anciano con los hombros caídos; no lo conocía desde hacía mucho y aun así se había enterado de las gestiones desesperadas de ese hombre para conseguir lo imposible.
Por eso con cada visita del anciano terminaba sintiéndose mal, y después le costaba volver a conseguir la calma y conciliar el sueño.
—Es una pena, y lo lamento mucho, señor Vargas... por estos casos a veces pienso que mi trabajo me está matando, no puede imaginarse cuanto me duele —dijo el señor Carrasco con la voz entrecortada por la emoción, y después de titubear un poco levantando y bajando su mano regordeta, le propinó unos golpecitos en un hombro de su visitante—. Pero usted sabe cómo salió todo esto, con las protestas de los fanáticos, todo terminó provocando un gran dilema, y muchos temen se pierda la razón de ser de la creencia y con ello se afecten sus intereses —volvió a decir y se encogió de hombros negando, para después suspirar una vez más de un modo significativo.
La despedida fue corta después de tan larga espera.
La noche estaba a punto de cubrirlo todo cuando el señor Vargas por fin se vió en la calle casi sin darse cuenta; ahora el aire estaba cambiando y eso lo sacó de su ensimismamiento, a pesar del calor del día ahora se sentía cada vez más frío.
El anciano se colocó su sombrero luego de alisarse el cabello entrecano, se cubrió mejor con su saco, y caminó con el rostro pensativo a lo largo de un cantero.
En un costado cerca de la entrada principal del edificio, sobre un pedestal de hormigón situado casi al pie de la construcción, se iluminó de improviso un letrero, como para darle la bienvenida. La luz del cartel lo hizo reaccionar y detenerse por un instante para leerlo, como si nunca lo hubiera hecho, incluso cuando siempre lo leía con esperanza en cada visita.
El letrero decía en letras grandes en cursiva, "Synaptic", y un poco más abajo, en una letra un tanto más chica, "Dando paso a la inmortalidad".
FIN