Sobre el escritorio del maestro Porfirio había una ruma de hojas colocadas muy ordenadamente una sobre la otra. Todos pensaron lo mismo: Sería otro día de esos de exámenes sorpresa, para saber cuánto sabían de algo, ser felicitados por lo recordaron, repasar lo olvidado y agregar nuevos conocimientos que complementaran lo que ya sabían.
El maestro Porfirio escribió en el pizarrón: origami, matemática, aerodinámica, física.
Le pidió a Leo (que era el más revoltoso y parecía – a pesar de eso – ser su preferido porque continuamente le pedía que fuera, viniera, llevara, trajera, lo que se necesitara y lo mantenía tan ocupado que no le quedaba tiempo de hacer las tremenduras por las que le castigaba siempre la Srta. Marta) que distribuyera las hojas a razón de dos por pupitre, y que luego “supervisara” otra distribución de los mismos, pegados a dos paredes laterales de forma que ambas filas quedaran frente a frente.
- “Hoy no quiero que vean las espaldas sino los rostros de sus compañeros, además que vamos a necesitar el espacio central para que se entrecrucen los aviones.”
Acto seguido el maestro Porfirio les explicó en pocas palabras qué era el origami, y el origen de dicha palabra. Les hablo acerca del Japón y su cultura ancestral, mostrando gran admiración de su parte.
Todos rodearon el globo terráqueo, después de quitarle las telarañas (de lo cual se encargó Leo muy ufano) y localizaron Japón y Venezuela y hablaron acerca de la distancia entre ambos, de paso hablaron sobre los diferentes continentes y luego el maestro les djo que aprendierían algo de origami. Les enseñó a elaborar dos tipos de aviones. Uno alargado al cual llamó “Avión-cohete”, el mismo volaba muy bien en línea recta. Luego hicieron uno de punta recortada, roma, no puntiaguda como el anterior. Este al valor trazaba una semicurva amplia.
Ya estaban sobre la hora del receso que disfrutaron en el patio central haciendo volar los aviones y realizando competencias y diversos juegos con los mismos.
Al regreso les habló de la aerodinámica y comenzaron los ejercicios de matemática con problemas del tipo de Si piloto un avión que vuela a 200 km por hora, calcular cuántas horas necesito para llegar de Venezuela a Japón.
Esto conllevaba investigar la distancia entre ambas naciones, de lo cual se encargaron los de sexto en un libraco enorme que el maestro sacó de su maletín.
Los pequeños tenían ejercicios diferentes:
Tengo cinco aviones de papel y me regalan tres. Decir cuántos me quedan.
En esta clase los más pequeños comenzaron a aprender a sumar y restar “llevando” y los grandes comenzaron a trabajar con la multiplicación ya que sólo sabían sumar y restar.
Para el día siguiente debían traer memorizada la tabla de multiplicar del 2 solo hasta el 5. Luego la aprenderían del 6 al 10.
Se pusieron una meta, así como cuando les tocó aprender a leer: Debían aprenderse las tablas una por semana. Antes de tres meses las sabrían y entonces comenzarían a aprender a dividir.
Leo tocó el timbre de salida demasiado rápido. Hubieran querido que la clase siguiera. Se fueron a casa con tareas sobre aviones qué hacer para el dia siguiente y el compromiso de pintar los que llevaban y fabricar dos más para obsequiar a otros dos niños.
Al día siguiente, el maestro Porfirio comenzó la clase con una pregunta general:
- “¿Qué desean ser ustedes de adultos?”
La pregunta les tomó por sorpresa y se miraron los unos a los otros con la misma expresión que tendrían si el maestro hubiera preguntado en vez de eso… si habían notado que el agua mojaba.
Estefanía, la más extravertida de las niñas comenzó:
“Yo tendré solo dos hijos, no me gustan los niños”
“Yo los que Dios me mande” afirmó Dailín repitiendo una frase muy utilizada en su hogar.
Camila, jugueteando con el rosario que siempre llevaba colgado al cuello, dijo con su voz aguda:
- “Yo no tendré hijos, yo quiero ser padra.
El maestro Porfirio dio un respingo, la llamó a su escritorio y estuvo haciéndole diversas preguntas al respecto, hasta que descubrió de qué se trataba y le enseñó que no se decía “padra” sino monja o religiosa. Luego, dirigiéndose a la clase en pleno continuó:
¿Sólo las niñas hablan, qué sucede con los varones?
Yo quiero ser licorero…pero no se va a poder – era Leo quien hablaba, el menor de todos.
Jesús dijo: - Yo quiero es tener una hacienda, con muchos caballos y muchas reses y dedicarme al coleo.
Los demás guardaron silencio.
- Bueno, hijos, les diré que ustedes pueden ser lo que deseen, lograr cualquier cosa buena que se propongan, la clave está en que se fijen una meta y caminen en esa dirección, o sea, todo lo que hagan que sea dirigido a conseguir ese fin, si lo hacen de esa manera lo lograrán.
Se que varios de ustedes se quedarán solo con los estudios de la educación básica, pero otros irán al liceo y posteriormente a la universidad. Así que les voy a enseñar a hacer chuletas, porque en algún momento de su vida lo van a necesitar.
Y es un conocimiento que deben tener también quienes han decidido ya que no estudiarán más. Porque si el día de mañana sus hijos o nietos estudian y necesitan ayuda…que por lo menos puedan decirles cómo hacer una chuleta.
Todos se miraron… este maestro tenía a veces unas cosas más extrañas…
El maestro les puso como tema el aparato digestivo. En forma sencilla para los pequeños y un poco más compleja para los más grandecitos, de hecho, los de sexto sacarían la información requerida del libro Ciencias Biológicas para primer año de Bachillerato de Serafín Mazparrote.
El maestro les explicó que una chuleta debía llevar lo más importante, lo que era casi seguro que saldría en un examen y debían escribirlo en letra pequeñita y ser breve.
Ese día trabajaron arduamente porque cada vez que le llevaban su síntesis les decía…
-“No, aun lo pueden sintetizar más, lean otra vez en voz alta la respuesta original y vuelvan a resumirla”
Media hora antes del toque de campana ya todos tenían hechas sus chuletas, comenzaron entonces a intercambiárselas porque el maestro les pidió que se ayudaran unos a otros por si acaso aún sobraban palabras.
El examen sería al día siguiente y allí verían si las chuletas hechas les servirían o no.
Al día siguiente llegaron expectantes, en casa habían comentado esto de las chuletas y a sus representantes eso no les había gustado para nada. Como no les había gustado la semana anterior cuando llegaron con la noticia de que habían pasado toda la mañana fabricando aviones de papel y jugando con ellos. Ese maestro Porfirio le había encontrado la vuelta a como recibir su sueldo sin trabajar casi, sólo poniendo jugar a los muchachos. Rapidito olvidaron lo de que les había ensañado a leer cuando fueron a quejarse con la Srta. Marta.
Sobre todo las representantes de Yonaiker y Yoander que estaban por salir de primaria y que sí planeaban seguir estudios medios y superiores en la capital porque sus familiares tenían recursos para ello.
La Srta. Marta escuchó sus quejas, tomó nota de los detalles y escribió una larguísima carta dirigida a la Zona Educativa del distrito al que pertenecían.
Además levantó un acta que fue firmada por todos los representantes solicitando retiraran al maestro Porfirio de la escuela El Onoto, la única de Turisupi, y lo sustituyeran por un maestro “normal”.
Esta historia...continuará. Para leer los dos capítulos anteriores,
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1.-LA LLEGADA DEL MAESTRO PORFIRIO
2.- LA VISITA A LA CALIDRÁ