Hoy cumplo veintidós años y no quiero vivir otro año más.
Desde que era pequeño sabía que éramos pobres, incluso aún cuando mis padres tenían un negocio. A veces el dinero ni siquiera llegaba a fin de mes, por lo que las promesas de regalos pocas veces se cumplían. Mis padres solían evadir el tema y cuando lo intentaba hablar con mis hermanos mayores me decían que más bien debía agradecer todo lo que tenía, pero yo solo quería saber por qué no podía pedir ni siquiera un helado el fin de semana.
Crecí en silencio sabiendo que había personas que estaban en una peor situación que nosotros, así como había personas para los que la situación no cambiaba y siempre se mantenían en abundancia, o al menos eso les hacían creer sus padres a mis compañeros de clase. En silencio escuchaba todos los viajes, regalos, comidas, en fin, todas las experiencias que unos tenían y otros ni siquiera podíamos llegar a querer porque simplemente era imposible. Nunca intervenía, la soledad se convirtió en mi mejor amiga y la voz en mi cabeza mi fiel compañera.
¿Quieres algo? Me preguntaban, yo decía que no. Por querer quería muchas cosas, era un niño, tenía que vivir el egoísmo para después aprender a ser empático y comprender muchas cosas, pero solo conocí la abstinencia, la escasez era lo único que había en abundancia. Tener dinero era malo y había que amar la miseria. Poseer cualquier bien material no se debía hacer, era mejor comer de un plato medio vacío regalado que trabajar para tener uno lleno.
Aprendí a caminar en silencio por la casa y escuchar a escondidas a mis padres y hermanos. ¿Qué se va a comer mañana? ¿El niño podrá llevar desayuno a la escuela? No creo que pueda ir al viaje escolar con sus amigos. Voy a tratar de conseguir algún trabajo extra para ver qué se puede hacer, ya el dinero no alcanza para mucho.
Trabajos extra, todos en mi casa los hemos llegado a tener. No para llegar a fin de mes, ni para tener algo que comer durante la semana, solo para tener un plato de comida al día siguiente, y quizás el siguiente. Comer era lo principal, el resto podía esperar. Nunca he dejado de esperar el resto, ¿cuándo va a llegar?
No sé en qué momento acepté que las cosas nunca iban a mejorar y comencé a evadirme primero con la música: durante la primaria aprendí a tocar el cuatro, y después de varios años haciéndolo lloré cuando mis padres me regalaron mi propio cuatro, lo atesoré por años. Abandoné la música y comencé a leer mucho, después a escribir y ver películas. Evadir e ignorar la realidad a través del arte es lo que me ha mantenido vivo por tanto tiempo. Ya dejó de ser suficiente.
Aún en silencio, conversando conmigo mismo, teniendo depresión y ansiedad desde los diez años, crecí. Las cosas nunca mejoraron, tan solo dejaron de empeorar muy rápido. Fui a la universidad por dos años, y de un día para otro dejé de salir cinco días a la semana para no salir ninguno. Aproximadamente durante un año no salí de mi casa, de mi cuarto. Socializar era algo que solo hacía con personas a través de internet, porque hubo momentos donde ni siquiera veía a mi familia al no salir de mi habitación.
Mis padres dejaron de conseguir trabajo por lo que mis hermanos se vieron en la situación de apoyar económicamente, y durante un tiempo funcionó hasta que a ellos les dejó ir bien. Ahora soy uno de los que apoya con cada vez más dinero para sobrevivir en esta situación que nadie debería tener que vivir.
Con veintidós años tengo más traumas que recuerdos felices. Vivo con la constante ansiedad de no tener electricidad, internet o ni siquiera señal telefónica. Comer genera sensación de culpa; comprar cualquier cosa que quiera y necesite se siente mal, a veces el malestar es tan grande que ni siquiera lo hago. Puedo vivir con eso aunque esté muriendo por dentro, llevo años haciéndolo, aprendí a olvidarlo, ignorarlo, pero no es fácil.
Hoy cumplo veintidós años y no quiero vivir otro año más. ¿Hay alguna esperanza para mis sobrinos de que todo esto mejore? Las cosas estaban bien, luego comenzaron a emperorar, así que tengo algo para compararlo, pero ellos no. Todo ha ido de peor en peor, la normalidad para ellos es un infierno que no deberían vivir.
Y ahora una fotito del pedazo de torta que me acabo de comer.
Tengo que aclarar que el escrito que acaban de leer lo hice en un momento demasiado intenso donde solo podía desahogarme, así que lo hice. Actualmente las cosas no están tan mal, pero igual no están como debería ser. But meh, hay que seguir.