El lugar donde nacen los miedos
_Al principio no los escuchaba, pero fue después que llegó el niño que ellos empezaron a llegar atraídos por su llanto. Yo le decía a Helem que callara al niño, que le diera el biberón, que se lo pegara al pecho. Yo me calmaba con el pecho de Helem, con su voz, cuando me cantaba al oído. Por eso le decía que le cantara al niño. Pero ella no me hacía caso. Ella decía que era yo él único que los escuchaba. Entonces fue cuando tomé la almohadita del niño y se la puse en el rostro. Lo apreté suavemente, un rato, tal vez una hora o dos. El niño se calló, pero ellos no. Ellos siguieron gritando. -continuó hablando el hombre mientras caminaba de un lado a otro con las manos en los oídos.
_Sácame de aquí, por favor. Ellos quieren matarme porque dicen que yo tengo algo que es de ellos. Ellos me han quitado todo, hasta a Helem. Mi pobre Helem, con sus ojos negros y sus cabellos largos atados con una cinta azul. Su boca, sus dientes, su lengua. Ella que me abrazaba y me daba de su pecho, que me decía que me calmara mientras me cantaba, pero ella no entendía. Yo le decía: Helem, tú no entiendes. Están detrás de mí. Están por todos lados. Entonces, Helem, con su cabello suelto y su cinta azul en mis manos, se fue poniendo morada, luego pálida. Con la boca entreabierta, como si me dijera algo, algo que yo no escuchaba porque los gritos de los otros eran más fuertes y después sus ojos parecían abismos oscuros, fríos, fijos hacia mí. Fue entonces que el lazo azul de su cabello cayó en el suelo, así como su cuerpo. -dijo el hombre mientras unía sus manos como si apretara algo.
_Tú sabes de lo que hablo. Ellos son mis verdugos, los que vienen a castigarme. No van a parar hasta destruirme. Son mis enemigos. ¿Y sabes lo que es peor? Helem se le ha unido a ellos, también el niño. Ellos también están aquí, aparecen a cada rato, para castigarme. El niño llorando con ese llanto horroroso que tanto detesto y Helem, mi hermosa Helem, me muestra sus pechos, redondos, abundantes, oscuros y yo lloro porque quiero estar pegados a ellos, pero es el niño el que está allí, cerca de ella. Odio al niño. El niño es mi enemigo. -escupió el hombre con furia.
_Sí, tengo las manos llenas de sangre, pero es la sangre de ellos no la mía: han sido ellos los que me han ensuciado. También han ensuciado mi ropa. Me han arañado todo el cuerpo. Mira cómo están mis brazos, mi cara, mi cabeza. ¿Cómo han podido hacerme esto y nadie me ha defendido? Nadie me ha escuchado. -decía el hombre mientras caminaba de un lado a otro.
_También han intentado sacarme los ojos y la lengua, como unos pájaros, me han picoteado por todas partes. Ellos han dicho que he sido yo el que ha matado al niño, que también he matado a Helem, que he sido yo el que he intentado sacarme los ojos, que todo está en mi cabeza. -el hombre se detuvo de repente e imploró- ¡Por favor, sácame de aquí, están gritando mucho! ¿No los escuchas? -le preguntó el hombre al reflejo que había en el espejo; un reflejo igualito a él, pero que por momentos le sonreía.