Los descendientes de las sirenas
Como se suele hacer, luego de instalarse, se fue a merodear el pueblo. Aunque al principio las personas la miraban de manera extraña, con los días se sonreían con ella y hasta se podía decir que la aceptaron como uno de los suyos. Tanto así que empezaron a invitarla a las fiestas familiares o simplemente la invitaban a un café al final de la tarde. Ella trató de no menospreciar ninguna invitación porque alguien, en alguna oportunidad, le había dicho que en los pueblos el rechazo es considerado como una gran afrenta.
Con esa idea en mente, decidió aceptar una invitación que le hizo la señora que le limpiaba la casa, en la que, según, estaría todo el pueblo y en donde se estaría celebrando, toda la noche en la playa, la llegada de las sirenas y la renovación de la profecía. Se sonrió por las supersticiones y folklorismo de la zona, pero aun así preguntó en qué consistía esa profecía: “Las sirenas hacen contacto con los humanos y le entregan a sus hijos”.
Ella se fue un poco antes de la noche para caminar un rato por la orilla de la playa y admirar el vuelo de los alcatraces. El viento salobre le daba en la cara cuando vio la imagen de un hombre desnudo con una larga cola de pez, sentado en uno de los peñascos que eran bañados por las olas. Desde la distancia, el hombre la miró y ella se sintió como una niña que han capturado haciendo una travesura. Apuró el paso imaginando que tal vez el mar pudo haber modelado aquel cuerpo perfecto como una escultura sobre la roca.
Con aquella imagen grabada en su retina, llegó al sitio indicado. Efectivamente, todo el pueblo estaba allí, reunido alrededor de varias fogatas que estaban distribuidas por toda la orilla. Ella fue recibida con alegría y aquel entusiasmo ante su presencia, tan nuevo para ella, le resultó embriagante y sincero. Esto hizo que ella comiera y bebiera de todo lo que le dieron: era como si una especie de éxtasis desenfrenado se hubiese apoderado de su cuerpo. Tanto así que, miraba a su alrededor y todo era confuso, tal vez por el mismo humo de las fogatas.
Me gustaría invitar a mis amigos
y a
para que participen en esta iniciativa