Los egipcios ya adoraban a estos felinos como deidades y el budismo los ha considerado siempre como seres iluminados en cuyos cuerpos las personas podían reencarnarse una vez muertos.
Hoy en día aportan muchos momentos de armonía y regocijo en nuestros hogares porque aquellos que compartimos vida con uno de ellos en nuestras casas, sabemos de sobra lo cariñosos y peculiares que pueden llegar a ser, aun a pesar de que tengan una mal atribuida fama de ariscos.
También dicen de ellos que eligen a sus dueños por su buen interior y que rechazan a personas con poco trabajo espiritual.
El pequeño Lovecraft, de ya 10 meses de edad y de raza Bombay, que fue rescatado de la calle antes de que muriera de inanición y cuya presentación podéis leer aquí, se encuentra muy felizmente entre nosotros.
Su nombre viene dado a modo de pequeño homenaje particular al escritor estadounidense de relatos de terror H.P. Lovecraft, el cual sentía una gran pasión por los gatos y tenía un gran amor a su gato negro apodado Nigger-man y cuya influencia y cariño pueden apreciarse notablemente en una de sus más conocidas obras: Los gatos de Ulthar.
Es un glotón empedernido y el gato más cariñoso que he conocido hasta el momento, a la par que juguetón.
Sin duda alguna, el favor que pudiera haberle hecho cogiéndolo de la calle, lo ha devuelto ya con creces a modo de un tierno y cariñoso agradecimiento.