Pobrecitos mortales
Ayer salí temprano, la ruta interestelar estaba despejada, 300 años luz recorridos en 10 micro segundos no está nada mal. Mitad del tiempo ordinario del recorrido. La estepa sideral estaba solitaria cuando me posé sobre ella. De haber sido informal me hubiese posado en cualquier lugar. Mi caliporta, quedó como siempre en su lugar, aunque fue bastante el trecho por el que tuve que desplazarme hasta mi morada, menos mal que siempre llevo mi flotipat en la caliporta. La inmortalidad tiene sus ventajas, el aprendizaje constante es uno de ellos. Hace mucho que aprendí que si no quiero usar mis músculos debo tener el transporte adecuado.
Es triste ver a los mortales agitarse tanto por pequeñeces, la visión galáctica le es ajena. Pierden tiempo en vanalidades, rellenan sus cortas vidas con sandeces. Si fuesen inmortales como yo, no logro imaginarme donde meterían los centenares de miles, millones de cosas que irían acumulando. Me río sólo de pensarlo. Mi morada, porque es morada, ese es mi color favorito, sólo tiene lo que en realidad necesito para vivir, así me desplazo alegremente, libremente a realizar todas esas actividades que los inmortales debemos realizar.No voy a perder tiempo describiéndolas. Los inmortales las conocemos, los mortales no las entenderían jamás.
Pobrecitos mortales, soñando con prolongarse en la mortalidad, no logran vislumbrar que la inmortalidad también tiene sus dificultades, la primera de ellas es no morir jamás.
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