Late el corazón acelerado.
En lejana sinfonía monocorde,
la voz del eco responde,
con sinuoso grabado.
Dibuja un registro riguroso.
No contaba con la arrítmica,
y tan solemne mímica,
del corazón presuroso.
Vive presuroso y engarzado.
Por corrientes subcutáneas,
violentas e intantáneas,
se encuentra arrastrado.
Es un sentimiento encapsulado.
Un capullo que erosiona,
un capullo que implosiona
lo que siempre ha callado.
Habla, ya no silencia.
No labra en las aguas cálidas,
no acepta como válidas,
palabras sin esencia.