Nota del autor
Aun es el inicio, nuestro protagonista sigue estancado en esa horrible pocilga para humanos, caracterizada por el salvajismo. Este es la segunda parte del relato. Para la primera parte aquí
Buscando lo desconocido
Fuente
El viento era pesado, traía consigo esa hediondez efímera de carne podrida, junto con la presencia del terror y el engaño. No era parte de este pueblo, por ello no tenía miedo, tenía mi arco y mis pies, podía escalar y huir si fuera necesario, no me importa entregarme a los brazos de la muerte, o a otro niño desafortunado, uno inocente que solo hace caso a sus mandatarios. No soy un guerrero, tampoco un venerador del fuego y el cielo, solo un viajero en búsqueda de una sensación, de querer por primera algún algo del cual aferrarse.
El niño con suelas de corteza y el del parche firmemente puesto, mencionaron un sacerdote y junto a él, una posada. Le di a cada niño una moneda de cobre con un símbolo de avestruz y ellos no sabían el por qué.
− ¿Qué es eso? − Pregunto el niño con un parche sin lavar.
− Es una moneda, con ella compra lo que alcance. – Dije yo, con la duda ¿Conocen algo más que está pocilga criadora de humanos?
− Pero, ¿No tienes pan? Eso nos quita el hambre – Dijo el otro, con suelas de corteza.
Saqué uno de mi morra, lo tenía reservado para mi próximo viaje, pero la situación lo ameritaba. Lo dividí en dos mitades aquel pan del tamaño de una lagartija. Pero, al dárselo, estos niños no pensaban más que alimentar a su perro. Les pregunté.
− ¿Por qué no se comieron el pan?
− ¡El perro se lo comió! – Decía uno, con pies astillados.
− Así nosotros, comeremos un poco más…
− Cuando el sol deje brillar
Sincronizados, como si sus madres hubieran estado cama a cama al momento del parto. Este lugar era extraño; viejos comiéndose a niños, madres comiendo sin parar, ¡Todos comían! Y también morían de la nada…