Hace un par de días hablaba sobre como la seguridad y la calidad a veces parecen estar reñidas, un ejemplo clásico de esto es la carne.
Aunque soy joven (acabo de terminar la carrera) ya he pasado la etapa rebelde/comunista o como queráis llamarla, el caso es que ya no soy progre, he dejado de tuitear ¡viva la revolución! desde mi iphone, he abandonado el locus de control externo, he cambiado a Marx por Solzhenitsyn (y por muchos otros, pero tampoco es plan de llenar el post de nombres nancys) y no tengo complejos al admitir que me gusta el capitalismo, la premisa es bastante buena: hacer cosas mejores y más baratas.
¿Es un sistema perfecto? está lejos de serlo, aun así creo que es lo mejor que tenemos. Puede degenerar en otra cosa (corporativismo), por eso es tan peligroso consumir paquetes ideológicos completos, sea en política, en nutrición o en lo que queráis: el sesgo de confirmación nos ciega.
Vayamos ya al caso que nos ocupa, la carne y las hormonas. A todos (sorry vegans, a vosotros también) nos gusta la carne, los huevos y la leche, pero eh! la queremos barata y si puede ser barata de cojones mejor.
Cada vez se consumen más productos animales, ante esta situación el sistema capitalista reacciona y se adapta, favoreciendo la aparición de nuevos sistemas y medidas… algunos buenos y otros malos, o incluso perversos (no voy a entrar a discutir ahora el tema del sufrimiento animal, no porque crea que es un tema menor sino porque no quiero alargar el post demasiado).
Creo que muchos estaremos de acuerdo en que el uso de medicamentos veterinarios es necesario para garantizar la salud y el bienestar de los animales. Aparte de este uso, en mi opinión, totalmente justificado, durante mucho tiempo se han empleado sustancias farmacológicas en la ganadería, ¿el objetivo? acelerar el proceso de crecimiento y engorde de los animales (mayor beneficio), ¿el problema? que pueden dejar residuos en los productos alimenticios, es decir, en lo que comes. ¿Deberíamos preocuparnos por estas prácticas? En principio no, están prohibidas en la Unión Europea desde hace más de 3 décadas. .
¿Y creéis que nos debemos fiar de que no lo hagan?
Evidentemente NO (asimetría de la información). Es saludable mantener cierto nivel de escepticismo (pensamiento crítico, no paranoia) pero al final uno tiene que depositar su confianza en alguien, en este caso, las organizaciones certificadoras y reguladoras que realizan los distintos controles.
Por lo general no suele haber problemas y son muy pocas las ocasiones donde se ven casos positivos. Por ejemplo, en 2010, tras analizarse más de 700.000 animales buscando esteroides, antitiroideos (provocan hipotiroidismo y aumenta el contenido graso y de agua), beta-agonistas (el clembuterol, por ejemplo), etc. dió positivo el 0,3% de los casos. No parece una cifra realmente preocupante.
Puede que pienses: “ya tío, pero por ahí hay grandes corporaciones que pueden estar compinchadas con estas instituciones de las que hablas, ¿qué hago entonces?” pues te jodes: te jodes tú, me jodo yo y nos jodemos todos. No te decía, corporativismo.