.
INTRODUCCIÓN
Claudia golpea un aviso publicitario, respira profundo, mira el reloj son las 11:40 a.m., trata de relajarse y continúa arrastrando la maleta, a ésta se le atasca una rueda y mientras procura repararla piensa que necesita urgentemente terminar esa relación con su novio, ya que se siente ahogada pero a la vez el miedo se apodera de ella, al hacerlo. Alberto en venganza podría revelar cierta información oscura (un secreto) que la perjudica gravemente.

Claudia (muy enojada): estoy harta de todo esto, estúpida maleta ¿Por qué no ruedas? ¡Ay! ¿Tú también te pones en mi contra? Tienes que colaborar conmigo, debemos irnos, si pierdo el autobús por tu culpa, amanecerás en el basurero. O.k., debo tranquilizarme; qué pueden pensar las personas de mí si me escuchan discutiendo con una maleta vieja.
Alberto (gritando): Claudia. ¡espera! tenemos que hablar no puedes irte así, permiso, disculpen, oye permiso tengo prisa, déjenme pasar, estoy apurado. Claudia por favor, ¡Detente! No puedes tomar una decisión tú sola sin hablarlo.
Fuente

Claudia (un poco irritada): ¡ay, no puede ser! Alberto me siguió qué rabia, pero no importa ya estoy en la parada del autobús, llegué a buena hora. Aún no son las 12:30 mi reloj marca las 12:00 pm
Alberto (cansado): ¿Qué te pasa? ¿Por qué sales así? ¿Tienes idea de todo lo que he corrido para intentar alcanzarte? Si no es porque regresé a buscar una corbata y descubro el closet sin tus cosas, no estuviera aquí en este momento, vamos a casa tenemos que platicar.
Claudia (convencida): no señor, te equivocas. A esa casa no vuelvo, yo me cansé de vivir presa en una jaula de mentiras, me tienes oprimida, no me dejas ser, necesito liberarme.
Fuente
Alberto (suplicando): pero a dónde te vas mujer no puedes irte tú tienes que estar conmigo, ¿Quién podrá darte todo lo que yo te ofrezco? Yo te quiero Claudia no exageres las cosas, vamos a casa.
Claudia (muy molesta y evitando que él se le acerque): no vamos a ir a ningún lado, cállate y escúchame Alberto, estoy obstinada de tus historias, de que veas cosas donde no las hay, de tus amenazas al querer contar mi secreto a las colaboradoras de la Fundación; ¿Crees que puedes perseguirme, acosarme con eso todo el tiempo. ¡Pues no!
Alberto (tratando de interrumpir): amor eso no…
Claudia (molesta): guarda silencio déjame continuar. Esta relación se ha vuelto una bomba de tiempo, quieres mantenerme en una caja de cristal, desconfías de mí eres tan inseguro que crees que no puedo ser leal a ti. Nos hemos vuelto muy tóxicos el uno para el otro, no tienes derecho a seguir dañándome por culpa de tu inmadurez. Lo siento pero tus brazos son una cárcel de máxima seguridad y yo quiero sentirme bien, ayudar a los niños sin mirar la hora para salir a prisa y llegar a la casa antes que tú, solo por evitar discusiones tontas contigo.
Alberto (suplicando nuevamente): Claudia tú no puedes hacerme esto, lo que dices no es en serio, yo estoy seguro de tu amor, si confío en nuestra relación, si tú quieres yo puedo cambiar, seré diferente pero no tomes ese autobús, tu lugar es conmigo; nadie va a quererte y comprenderte como yo lo hago, tú sabes que nadie entenderá lo que tú eres.
De pronto un silencio se apodera del lugar y en aquella parada de autobús se escucha un suspiro que provenía de una persona mayor que sin querer escuchaba el drama de los dos.

Claudia: (analítica): mira Alberto así como se apaga ese cerillo, así se extingue lo que sentíamos esto no va a funcionar, el amor que sentí murió ya déjame tranquila por favor, no tenemos que seguir castigándonos. ¡Mira! Ese que viene allí es mi autobús.
Fuente

Alberto (molesto y desesperado): ¿Crees que voy a dejarte tomar ese autobús? ¿Qué permitiré que me dejes? Pues ¡no será así! Tú eres mía y esto va a funcionar porque yo así lo decido. Nos vamos a la casa ¡ahora mismo!
Claudia (decidida): ya suéltame, no dejaré que ni tú, ni nadie me vuelva a lastimar, ni física ni verbalmente yo no soy un objeto para que puedas mover a tu antojo.
Fuente
Alberto (sonriendo): tú no eres nadie sin mí, tú me necesitas Claudia.
Claudia (muy segura): tengo la suficiente inteligencia y determinación para triunfar ¡yo sola!
Alberto (tono amenazador): entonces ¿estás dispuesta a perder esa fundación de niños tontos que viven a costillas de nosotros? ¿ Soportaras que todos conozcan tu secreto? Si te marchas lo gritaré con todas mis fuerzas, tanto que todas tus amistades y colaboradores se enteraran rápidamente y habrá un caos.

Claudia (motivada y con coraje): ¿Sabes qué Alberto? Ya no tendrás que preocuparte por mi fundación yo puedo mantenerlos, sin que te dieras cuenta hace unos meses conocí una red social en la cual me registré; te pagan por escribir y compartir contenido original. Su nombre es STEEMIT. El dinero que he ganado me ha servido para lograr el sueño de mis niños, tener un hogar. Y en cuanto a cargar ese pesado secreto yo voy ayudarte a liberarnos de eso que según es mi..
Alberto (interrumpiendo y con tono burlón): ¡Qué miedo tengo! ¿Vas a matarme para callar la verdad? Y esa estupidez de escribir solo es una pérdida de tiempo.
Claudia (serena y valiente):¡escuchenme todos! Este hombre que ven frente a mí, solía ser lo mejor de mi vida. Amoroso, atento y comprensivo, nada me faltaba, pero ¿no sé qué le pasó? cambio, se convirtió en mi pesadilla, celoso, inseguro, un cariño tóxico que me estaba enfermando cada vez más, por mucho tiempo nos unió un secreto que poco a poco se convirtió en un arma, ya que él la usaba para hacerme daño, para obligarme a estar a su lado. Señores y señoras con ustedes yo...
Fuente
Alberto (asombrado y apenado): ¿Qué haces? Ya bájate de allí, estás llamando la atención te ves ridícula.
Claudia (sonriendo y muy segura): sí, mucho gusto, soy Claudia Torres y he vivido ocultando una verdad, un secreto que no me deja ser totalmente libre, por temor a las críticas de una sociedad mezquina, racista, discriminatoria, que sufre de prejuicios, que se deja llevar por el qué dirán, pero ¡ya basta! de los chantajes de este hombre, ¡ya basta! de tener miedo.

Alberto (no lo podía creer): ¡te has vuelto loca! Cómo has podido...
Claudia (interrumpe con una sonrisa): si Alberto, estoy loca de felicidad, soy libre, mi infelicidad se queda aquí, en esta parada y mi secreto ahora se irá con todas estas personas. Esto acabó.
Claudia se dirige al autobús y se sienta en el último puesto, en su rostro se observa alivio y una felicidad que contagia a muchos. Alberto titubea un poco pero decide quedarse allí, parado observando cómo arranca y se aleja el autobús. Cuando de pronto escucha su nombre a gritos.
Claudia (un consejo): ¡Alberto! ¡Alberto! Busca tu felicidad, aprende a creer en ti y aliméntate de la humildad de otros. Suerte y gracias por enseñarme que la jaula nunca estuvo cerrada como pensaba. Adiós
PD algunas de las imágenes fueron editadas con los programa de Photogrid y Pizad
Agradecimientos para y
por su excelente concurso, por motivarme a participar y hacer volar mi imaginación. Para ustedes un abrazo ¡muy fuerte!❤️
Amigo lector si deseas participar puedes darle:AQUI
Gracias por leerme suerte y éxitos para todos