
Estuve siguiendo los partidos de fútbol del Mundial, Rusia 2018, o dicho de otra manera, del Gran Fútbol. La gran fiesta de los goles que cada cuatro años concentra la atención de millones de personas en todo el mundo. Ante el grito de ¡GOOOL!, la respuesta es alegría para unos, tristeza para otros, entusiasmo o decepción. Pero todos giran la cabeza hacia la pantalla o se acercan presurosos para preguntar:
En gran medida, mundialmente, el fútbol fue el motor que hizo girar las pasiones, especialmente masculinas, durante este caluroso verano. Y digo, especialmente masculinas porque muchas mujeres no nos perdemos un buen partido (ojo, no me refiero al candidato para marido) sino a esos singulares juegos que encienden los ánimos, le dan pausa a una conversación y consiguen hacer olvidar problemas y obligaciones, al menos por unos instantes.
Pero disfrutando el enfrentamiento Francia/ Bélgica, un buen partido, en mi modesta y femenina opinión, tuve un insight y vi el título de este artículo: La vida es como un partido de fútbol, un teatro de acontecimientos, donde disímiles personajes juegan sus roles.
Tal vez parezca una comparación “jalada por los cabellos”, les pido lean mi razonamiento para que constaten que no lo es.
Al hablar de un partido de fútbol, pensamos, quizá en primer lugar, en ese dinamismo que se produce con los correteos de los dos equipos tras el preciado balón. Las persecuciones, patadas, evasiones, saltos, caídas, cabezazos, rebotes y todo ese despliegue de acciones que cuanto mayor sea, mejor partido hará. ¡Ah! ¡Y algo de teatro! Pues...¡la vida es todo eso!, un juego dinámico, que puede resultar muy entretenido o un tanto aburrido, dependiendo de la actitud de los jugadores.
Comencemos por los jugadores, cada uno de ellos tiene misiones específicas en el teatro de los acontecimientos, para lograr los ansiados goles. No pueden dejar de perseguir su objetivo inmediato, el balón, para alcanzar el objetivo final: ganar el partido. Nadie puede negar que ellos son los grandes actores del partido, pero ¿y el árbitro? ¿y los técnicos? ¿y los que hacen banca? .Todos están involucrados en el partido, en sus resultados. En sus emociones.
Y hablando de emociones, ¿qué me dicen del público que vibra ante los goles fallidos casi tanto como ante los logrados? Ese público que grita, agita banderas, comenta. Qué, a veces, llega a las lágrimas. Y que durante días seguirá comentando sobre los eventos vividos en el Gran Juego. Ellos también son parte del gran juego de la vida. No todos tienen papeles protagónicos, pero todos, lo reconozcan o no, forman parte de él.
Dije: lo reconozcan o no. Es que algunos personajes, sólo sobreviven, no alcanzan a visualizar el objetivo último, la meta de sus vidas. Actúan casi por inercia, en un estado de coma psíquico, en el cual no viven las incidencias que algunos lloran y que exaltan a otros. Pero me faltó agregar: se lo reconozcan o no. Porque, además de la autoestima, está la valoración que unas personas hacemos de las otras, de su valor como sujetos y de la importancia de su trabajo.
Los que venden las entradas o las chucherías, los que recogen la basura del estádium, los periodistas y narradores, pasando por los organizadores y autoridades, todos sin excepción están vinculados con el Gran Partido en el que se disputa la gran hazaña del triunfo.
En la vida, si no das el todo por el todo, vives a medias. Si no te centras en el objetivo puedes perder el chance de ganarlo y ya sabemos que ninguna oportunidad se repite, vendrá otra parecida, pero la misma ¡jamás! Si no formas equipo, tus tareas te llevarán por una cuesta más empinada y tus caídas no encontrarán brazos para ampararte.
Calor, fútbol y todavía flores de la primavera. Este verano es un excelente verano. Rusia 2018, trajo de nuevo a la fama mundial un campeón del pasado, Francia. Un ¡hurra! por ellos. Merecido triunfo. Excelente calidad y su toque de Suerte. Como en la lotería de nuestras vidas, aunque muchos compren un boleto (preparación, entusiasmo, dedicación), sólo uno se lleva el Premio Gordo. Así que a poner todo nuestro esfuerzo en nuestras metas, a trabajar sin descanso por ellas y a hacerle un guiño a la suerte. El convencimiento de ser ganadores es el mejor guiño para lograrlo.
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