Cada cuatro años la fiebre del mundial de futbol se apodera de la fanaticada. La gente experimenta una especie de “animación suspendida”, y solo siente y respira futbol. Los problemas y las carencias se colocan en un segundo lugar para disfrutar a plenitud cada partido. Durante tres semanas hombres y mujeres cantan los goles de su equipo con la esperanza de que poco a poco escale posiciones hasta llegar a la gran final. Y para completar el éxtasis que produce el mundial, yo me dedicaba a llenar mi álbum de figuritas. Llenar ese álbum me producía una gran satisfacción.
Comprar los paqueticos de figuritas, y ligar para que me salieran las que me faltaban o las más difíciles era algo absolutamente divertido y emocionante. Recuerdo que en mundiales anteriores (2002, 2006, 2010 y 2014 ) la fanaticada se reunía en panaderías y centros comerciales para ver los partidos, y allí aprovechábamos para intercambiar cromos.
Las figuritas más difíciles se cambiaban por varias de las que salían con más frecuencia. Incluso, algunas valían un dineral. Pero el precio no importaba con tal de obtener la que faltaba para llenar una página o el álbum en su totalidad.
Gracias a esa tradición de llenar el álbum del mundial, padres e hijos tenían una oportunidad para realizar actividades juntos; y los amigos tenían una buena razón para encontrarse y recordar viejos tiempos.
Ese álbum nos permitía ver a cada jugador, y apreciar los cambios que experimentaban con el transcurrir del Tiempo. Jugadores como (Ronaldo, Messi, Figo, Casillas…) aparecían y se constituían en los favoritos de las colecciones porque eran los más conocidos y famosos.
Lamentablemente, llenar el álbum del mundial ya no es una actividad tan popular. En Venezuela, se ha convertido en un asunto casi elitesco. Ya no hay un Kiosco a la vuelta de la esquina que venda el álbum y las figuritas.
Ahora, solo me quedan los álbumes de mundiales anteriores y los recuerdos de las gratas experiencias. De todas maneras, el mundial Rusia-2018 lo viviré con pasión y entusiasmo.