Mientras en mi interior no entendía mucho, pero me gustaban esos días porque mi papá y mamá se hablaban aunque fueran por cosas puntuales.
Compraban regalos y hacían fiestas pero estaban tan ocupados entre su mundo de adultos que yo solo era feliz porque me dejaban ver la tv todo el día y no me limitaban las horas, no me obligaban a comer esa sopa de siempre, me daban cosas que normalmente no comía tortas, panetones, dulces para calmar mi hambre, no me gustaba mucho eso que le llaman hallaca, cada vez que la comía era imposible no meter la mano en la comida.
Algunos pasaban y preguntaban le escribiste la carta al niño Jesús, yo solo me quedaba muda y tímida decía que si con la cabeza, pasaba una señora bien vestida de fiesta y me decía que le pediste a santa Claus, y dentro de mi cabecita solo una confusión rondaba solo me preguntaba:
¿A quién debo escribir mi carta para pedir mis juguetes?
¿Son 2 personas distintas?
¿Por qué antes de decirme que escriba la carta porque no me explican?
Solo esperaba la noche a que llegara la hora de acostarme y luego despertar para buscar el regalo escondido, que aquella persona desconocida me dejo sin saber a quien agradecer.
Muchas veces los adultos no piensan en las cosas que pasan por nuestra cabecita.