Allí explico mi motivación personal para tratar el tema, hago una presentación del libro, que cuenta con el soporte magnífico de las imágenes de la fotógrafa venezolana de origen suizo Barbara Brändli, y explico la importancia paleontológica de esta nación aborigen. Si están interesados pueden ver esa publicación que llamé Los hijos de la luna. Parte I: Como en el Pleistoceno Superior
Como segunda entrega prometí una aproximación sobre la lengua y grafismos que identifican a este grupo humano.
Aunque este es un tema muy especializado, trataré de hacerles llegar los aportes que la lingüística, según Barandiarán, ha recogido sobre el idioma Sanemá y que constituyen un elemento de vital importancia para la comprensión de su cultura.
(Foto desde el libro citado, original de Barbara Brändli)
El territorio Macro-Chibcha en América comprende desde Honduras hasta Bolivia. Con la conquista española y con el asedio de otros grupos indígenas, los hablantes de esta forma original se dispersaron. los antropólogos consideran que pueden quedar vestigios de esta forma original enquistados en dos poblaciones indígenas, los Tunebo y los Kogui, en Colombia.
En el caso de las lenguas indígenas venezolanas, desprendidas de ese tronco común, el efecto de la dispersión las convirtió en islotes lingüísticos. Por lo que, en la actualidad, hay una gran diferencia entre ellas. Así lo resume Barandiarán
De tal manera, que, por ejemplo, los Sanemá-Yanoama estarían ya separados de los Waraúnos del Delta del Orinoco por más de 4.000 años de y por unos 3.000 años de los Motilones-Bari de Perija.
Entre los propios Sanemá-Yanoama, la dispersión geográfica provocó (por la comparación de sus tres dialectos hablados) remontaría ya unos 500 años; lo que hace que los Sanemá del norte no puedan ya comprender a sus hermanos los Yanoama del sur, y viveversa, si no es por medio de los Sanemá-Yanoama centrales.
(Foto desde el libro citado, original de Barbara Brändli)
En el capítulo 2 de Los hijos de la luna Daniel Barandiarán nos presenta un cuadro comparativo entre el dialecto Sanemá que estudió y dos lenguas separadas de ellos por distancias extremas: un lenguaje australiano central y el dialecto Ona hablado por los indios Patagones de Argentina. La comparación demuestra que los elementos más estables de las lenguas, los que tienen que ver con las partes del cuerpo y con los fenómenos de la naturaleza, se mantienen en concordancia mientras que van cambiando las palabras que no son de uso frecuente.
En general el autor, propone una clasificación de los rasgos sobresalientes de la lengua Sanemá-Yanoama , describiendo los aspectos formales de la lengua (vocales y consonantes en sus diferentes tipos, y las formas que asumen los verbos con el uso de los prefijos y sufijos. Anota como rasgo curioso que existe la presunción que la familia Sanemá haya podido tener la particularidad de los tonos fonémicos, es decir la existencia de silabas cuyo significado varía con la entonación.
De la detallada demostración que hace el antropólogo, y que por razones de espacio no podemos reproducir aquí, yo rescataré la característica musical del dialecto y el fenómeno que conceptúa como logismos gráficos, el modo poético común que tienen en su hablar. Ejemplifica Daniel Barandiarán, con la traducción de algunos de esos logismos gráficos:
(Foto desde el libro citado, original de Barbara Brändli)
Ya bokono shamabe: Mi brazo está cargado de danta o tapir.
Quiere indicar el hablante que es un gran cazador, que le duele el brazo de las tensiones del arco, que tuvo éxito en la caza...
Ya wanadi: Tengo frio y soy viuda.
Una manera de expresarse una mujer para significar que no tiene marido con quien compartir su hamaca, que pasará la fría noche en soledad…
Ibai wamiomá: Dormiste conmigo.
Eres mi amigo, cuenta conmigo, hemos compartido el calor de la fogata; a tu lado yo tengo seguridad y tú al mío.
O, en el mismo orden de ideas…
Shulu kawá ibainé: Tú eres para mí cenizas mortales.
Aquí se intenta afirmar una amistad hasta el día en que uno de los dos hablantes deje de existir, entonces el sobreviviente ingerirá las cenizas del fallecido.
En términos conclusivos, Daniel Barandiarán hace dos afirmaciones importantes:
Los Sanemá-Yanoama no tienen un sistema escrito de mensajes ni escritura alguna.
Su numeración va solo hasta el dos. Más allá es ya muchos. Schishabí: uno Polakabé: dos. Más allá es ya terreno de la multitud. Peébe o Hidipolakabé: muchos.
El autor utiliza, en Los hijos de la luna, el recurso del Alter ego para reproducir el sentimiento de un indígena Sanemá-Yanoama. De manera que después de cerrar cada capítulo hace entrada la perspectiva de Aushi Walalam, un hombre Sanemá-Yanoama que va tocando, en primera persona, desde la psicología indígena, similares aspectos a los que se desarrollan en cada capítulo desde la teoría antropológica. En estos apartes Daniel Barandiarán deja correr un sentimiento poético que expresa la conexión emocional que mantuvo con su objeto de investigación.
Nuestra lengua Sanemá-Yanoama está adaptada a la libertad de la selva y es sobre todo hermosa de oír cuando se canta o se grita, con acentos que caen en cascada hasta el sonido agudo final.
…Cuando nuestros niños hablan es como si cantaran los pájaros de la selva.
(Foto desde el libro citado, original de Barbara Brändli)
La invocación y el empleo de los nombres propios de las personas o de los nombres comunes de los seres, es, para nosotros, tocar el corazón mismo y la fuerza vital de las personas y de los seres (…) Nombrar para nosotros es identificarnos con el otro. De aquí que para el Sanemá-Yanoama llamar a alguien por su nombre implica que sea una misma cosa con él. (…) A quien quera reflexionar, le diríamos que, para nosotros, los Sanemá, hablar es también ser.
(Foto propia, de mi archivo personal)
Mientras estuve entre los Sanemá-Yanoama, en el Campamento Indígena El Casabe, bajo las directrices de Daniel Barandiarán, tuve la ocasión de verlos recibir visitas.
Eran personas que hacían una travesía de días o semanas, para estar presentes en algún acontecimiento, o mensajeros que traían noticias de algún hecho de importancia común entre los diferentes grupos dispersos en la selva.
Aushi Walalam describe estos encuentros fielmente:
La conversación más oficial es el diálogo vertiginoso de las noticias cantadas y el de la promesa de una ayuda mutua.
En uno y en otro caso, los dos dialogantes, sentados en cuclillas, el uno frente al otro, inician una rapidísima exposición gráfica, cantada y hablada, de las principales noticias o motivos de una unión inminente.
El uno expone y el otro aprueba, repitiendo y recalcando las últimas palabras del exponente, interrumpiéndolo con sorpresivas interjecciones estruendosas, siguiendo su exposición con el movimiento de la cabeza, de los ojos, de la espalda y del tronco entero y aprobando o rechazando con tremendos manotazos en las rodillas o en el vacío.
Cuando el exponente acaba su primera exposición y los motivos de la misma, el aprobante pasa a ser exponente con otra serie de gamas y motivos nuevos.
Terminaré este texto de hoy con la imagen del indígena Sanemá considerando una noción muy actualizada sobre la significación del lenguaje, particularmente en la perspectiva psicoanalítica, que entiende que entre la palabra y el cuerpo se producen los nexos más fuertes de la experiencia. De esos lazos es de lo que habla el amor en todas sus manifestaciones.
Aushi Walalam lo dice así:
Concluido el diálogo y la enorme tensión vivida, los dos dialogantes van tranquilamente a sus hamacas y mascan su tabaco o hacen caricias a sus hijos o a la mujer. Para nosotros, los Sanemá-Yanoama, el hombre piensa con todo el cuerpo. El gesto es el hombre. Y el pensamiento es el gesto. Toda nuestra vida inteligente es también gesto.