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Muchas gracias queridos amigos por la compañía y lectura de mi post, los días han pasado muy rápido, nuevamente hemos llegado al día sábado, día en el que mi blog se torna místico y tenebroso, para quienes disfrutan de las películas de terror, es momento de una pausa y disfrutar una lectura, hechos naturales o sobrenaturales de la vida, tenebrosas leyendas que nos contaron nuestros padres. Te invito a disfrutar de una leyenda urbana como lo hacíamos en nuestra niñez.
La tierra sin mal a lo largo de la historia albergo diferentes culturas, creyentes y supersticiosos de las cosas paranormales y del más allá, según sus creencias entre la tierra y el infierno existe un portal, por donde asiduamente hay entidades que regresan a sus hogares o lugares de orígenes.
Bienvenidos queridos amigos a otro sábado de suspenso, los correntinos somos muy supersticiosos, desde niños fuimos inculcados a creer y respetar las cosas paranormales, la tierra sin mal alberga miles de historias de hechos que han sido presenciados. La historia que voy a relatar sucedió hace muchos años, tendría unos ocho años de edad.
Mi padre era una persona muy posesiva y celosa, sufría de celos enfermizos, mi madre ni siquiera podía salir a realizar las compras sin que el arme un escena de celos, en esa época vivíamos con él, en casa de su madre (Mi Abuela Manuela).
Su profesión era mecánico naval, por esta razón estaba mucho tiempo fuera de casa, si bien lo queríamos y extrañábamos mucho, cada vez que venía y se quedaba por algún tiempo en puerto, había discusiones a raíz de sus celos, una vez en que había desembarcado y permanecido en tierra por varios meses, las relación estaba muy deteriorada, sus celos habían empeorado, ahora ni siquiera permitía a mi madre visitar a sus padres, llevaba varios meses de la última visita y yo insistía que los quería ver.
Una mañana mi padre fue convocado a una reunión de trabajo, al parecer se trataba de una capacitación que llevaría todo el día, después de comunicar su ausencia, mi madre decidió que era un buen momento para visitar a sus padres, se imaginan mi felicidad.
Tomamos un colectivo que nos dejaba a unas cuadras de la casa de mis abuelos, al llegar se pusieron muy felices, ellos también nos extrañaban mucho, mama les explico que la vista era muy breve y comento los por menores, sin embargo aun así insistieron a que nos quedáramos a almorzar, la abuela estaba cocinado unos ñoquis exquisitos difícil de rechazar.
Mama al salir de casa, sin que yo supiera había dejado una nota a mi padre informando de nuestra visita a mis abuelos, por las dudas de que terminara antes su reunión, igualmente su intención era regresar lo antes posible y retirar esa nota, de esa manera no habría ningún conflicto.
Poco antes de poner la mesa, mi abuelo nos mandó a comprar junto a mis dos tíos una soda, como era al doblar la esquina, no representaba ningún riesgo para tres niños pequeños, la soda por lo general venían en un sifón de plástico, ese día no había y tuvimos que traer un sifón de vidrio, tome la botella y lo traía en mis manos.
Metros antes de llegar a la casa de mis abuelos, veo a mi padre venir muy enojado, me paralice del miedo dejando caer el sifón al piso, con la presión del gas, más el golpe que dio sobre una piedra, el sifón exploto en cien pedazos.
Un vidrio me corto el muslo de mi pierna izquierda, incrustándose dentro de mí cuarto, la sangre que fluía era mucha, ante el tremendo ruido de la explosión mis familiares corrieron a mi encuentro.
Un vecino al ver la gravedad del accidente tomo su automóvil y nos llevó de emergencia al hospital Vidal, es ahí donde la historia toma un nuevo rumbo. Es importante destacar que el hospital queda a pocas cuadras del cementerio San Juan Bautista.
De la atención del hospital no nos podemos quejar, de no haber sido por ellos que actuaron rápidamente, quizás no habría sobrevivido, la sangre que había perdido fue mucha, motivo suficiente para quedar internado por varios días.
La noche siguiente, en horas de la madrugada se escucharon algunos tiros dentro del hospital y personas que corrían para todos lados, mi madre del cansancio no escucho nada y yo por tener la pierna inmovilizada no me pude levantar para ver que sucedía.
Al amanecer comente lo sucedió con mi madre, ella se enojó por no haberla despertado, eso siempre pasa cuando uno es niño, lo importante fue lo que ella consiguió saber al respecto.
En horas de la madruga un patrullero de la policía encontró a una mujer desvanecida tirada en la calle a pocas cuadras del hospital Vidal, la mujer tenía signos de vidas, pero presentaba un olor nauseabundo, la joven estaba vestida con un vestido de blanco de fiesta lleno de puntillas y encajes, por su apariencia se podría decir que venía de un acontecimiento muy importante.
El oficial de policía al ver que la mujer no reaccionaba, cargo a la joven en el patrullero para trasladar al hospital más próximo, lo que más le llamo su atención fue el fuerte olor que dejo dentro de la unidad, sin dar mucha importancia atribuyo al estado muy sucio y lleno de tierra de su vestido.
Por el estado en que se encontraba la mujer fue llevada directamente a la unidad de terapia intensiva, después de quitarla la ropa y hacerla comenzaron los trabajos de reanimación, sus signos vitales eran muy débiles, después de varios intentos con distinta medicaciones lograron estabilizarla.
La mujer estaba extremadamente débil, sus ojos deslucidos y su estampa anémica preocupaba mucho al médico de turno, hizo todo lo que estaba a su alcance para mejorar esta situación, en un momento la mujer se movió en la camilla, fue cuando el medico se acercó a la mujer para escuchar los latidos de su corazón, al hacerlo la mujer se abalanzó sobre el doctor mordiéndole el cuello, el hombre se desvaneció cayendo al suelo.
La joven recompuso su semblante al beber sangre del doctor, todo paso en fracciones de milésima de segundo, la enfermera no atino a hacer nada, cuando quiso reaccionar la mujer se abalanzo sobre ella, al verla reacciono corriendo fuera de la sala.
Corrió tan fuerte como pudo, seguida de una mujer casi desnuda con su rostro toda ensangrentada, el policía de guardia dio la vos de alto, la joven hizo caso omiso corriendo en su dirección, el guardia no tuvo más remedio que disiparle, como era de esperar la mujer cayo muerta en el suelo.
Esto causo una gran conmoción en el nosocomio, el médico de guardia por poco pierde la vida, la superintendencia de la salud en conjunto con los forenses de la policía se hicieron cargo de las averiguaciones del tema.
Un día después me dieron el alta médica, con mi madre nos quedamos muy mal con la noticia, se decía que se trataba de una mujer vampiro, aquellos que pudieron ver a la joven afirmaban que tenía dientes muy grandes y afilados, muy parecidos a los dientes de los lobos.
Una semana después la noticia tomo dominio público, lo que nos enteramos fue aún peor, se trataba de una mujer que llevaba varios meses muerta y estaba enterrada en el cementerio san juan Bautista.
El día en cuestión, en horas muy temprano el celador nocturno encontró una tumba abierta con el cajón vacío, ante esta novedad dio aviso a los directores del campo santo, después de una exhaustiva investigación dieron aviso a la policía.
Por su parte los forenses de la policía determinaron que la mujer estaba muerta hacía varios meses, al momento en que el cementerio denuncio el hecho, todo se pudo relacionar, lo que nadie pudo explicar fue lo que había sucedido.
De esta noticia se habló mucho tiempo en mi pueblo, pero como todas las cosas, al pasar unos meses quedo en el olvido. Ya nadie más habla de la mujer vampiro del
¡Hospital Vidal!
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Te espero mañana para disfrutar de otro relato de mi tierra de Corrientes.
José Luis Fernández
Corrientes Argentina
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