Hoy me llegaron varias personas, alumnos, amigos, conocidos con distintos problemas encima, donde el tema en común muchas veces fue; la aceptación.
La aceptación de lo que ocurre, la aceptación de cómo respondemos, la aceptación de los otros y su manera de actuar. Incluso la aceptación de nosotros mismos.
Muchas veces nos empeñamos en querer cambiarlo todo, porque no nos gusta lo que sucede, y realizamos una lucha con todas las armas contra situaciones que en muchos casos más vale dejar así.
Nos han hecho creer que aceptar es malo, al menos yo llegué a escuchar muchas veces que es de conformistas y mediocres. Que hay que ir por más siempre, que es más valioso el que lucha en contra de todo con tal de cambiar alguna cosa.
Y sí, luchar contra una injusticia, un acto injusto, un maltrato, un hecho violento, es valioso. Requiere coraje, y personalmente, lo celebro.
Pero qué ocurre con la vida en general. Muchas cosas que nos ocurren son inevitables y aunque no es evidente muchas veces qué es inevitable y qué no lo es, el poner en practica nuestro discernimiento nos puede llevar a esa clase de sabiduría y de ese modo ahorrarnos mucho sufrimiento.
No aceptar las cosas que no puedes cambiar, luchar en casos como esos, también son causa de sufrimiento. Y no, no me refiero a conformarse. Porque aceptar no es conformarse. Aceptar es no luchar contra un evento que ocurre o ha ocurrido, y si se es lo suficientemente proactivo, responder ante él. Con práctica, se puede responder de manera muy eficiente.
Por otra parte, cuando luchamos con nosotros mismos, por querer cambiar algo de nuestra personalidad, eso si me parece grave. Porque querer cambiar algo de nosotros mismos sin estar preparado para ello genera algo, genera conflicto interno. El conflicto deviene en perturbación y ésta a su vez produce sufrimiento o insatisfacción.
Así que mi propuesta, junto con la de muchos maestros expertos en el tema es: observar.
Observa la actitud o forma de ser que desearías cambiar porque sientes que te está trayendo sufrimiento y acéptala.
Acéptala tal y como es, observándola en el momento en el que aparece. No intentes cambiarla, ni transformarla. Déjala que aparezca y simplemente observándola, deja que se agote su energía.
Cuando observas, atentamente sin querer cambiar las cosas, ocurre algo que es hasta paradójico. Ocurre que eso cambia.
Así que deja de luchar, sobretodo contigo mismo, y acéptate. Una vez te aceptes y te observes, te darás cuenta de que habrá una transformación en ti.
Esa transformación, será con el tiempo una liberación de condicionamientos, te habrás liberado, y con ello, te habrás hecho más ligero. De ese modo, podrás volar más alto.
Nota: Las imagenes fueron tomadas por mi, durante un curso de meditación en Buenos Aires, Argentina.
Para finalizar, te pido; no tomes mis palabras como la verdad. Mis palabras son el fruto de mi experiencia y ésta podría llegar a ser distinta de la tuya. Toma pues mis palabras y éxaminalas, reflexionalas, digierelas y entonces determina si son ciertas para tí, según tu experiencia.
Sé tu propia luz.
Muchas gracias por leerme.
Que puedan todos los seres encontrar la felicidad
Soy Julio César Arvelo, y si te ha gustado este post, y deseas continuar leyéndome, bienvenido/a.