Escucho esa canción, que acelera mi corazón, activa mi secreción de hormonas a tope, provocando en mi cuerpo un cosquilleo característico, aquel que denota placer, satisfacción y emociones sin igual.
Mi serotonina u hormona del placer es liberada a chorros y la adrenalina empieza a forzar a mis músculos a entrar en un estado de semi-tensión, mi corazón se acelera, mi respiración también lo hace; puede sonar loco o tonto, pero me tiemblan las piernas al punto en que no lo puedo controlar.
Mis músculos pasan de estar tensos a estar en un vaivén permanente de contracción-relajación. Si llego a preguntarme si es por el frío en mi cuarto, pero al arroparme con las cobijas más gruesas, no dejo de sentir todo eso.
Un orgasmo siempre es asociado con el tema sexual y, esta madrugada, divagando, como bien lo dice mi título, descubrí que las sensaciones relacionadas con ese concepto son capaces de producirse sin tener de por medio dos cuerpos juntos.
Tan solo se necesitan un par de audífonos y la canción perfecta, para lograr acariciar de forma tan solemne a mi alma y hacerme llegar al clímax.
Tal vez yo me he vuelto loca por el insomnio, pienso demasiado en las madrugadas o, tal vez, tengo razón y podemos encontrar tanto placer en las simples cosas que nos apasionan.
Lo mío la música, lo tuyo puede ser una obra de arte o una obra literaria.
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