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“La danza es un arte en el espacio y el tiempo.
El propósito del bailarín es borrarlo”
Merce Cunningham
El Cuerpo Musical.
En base a varios textos leídos y desde la experiencia propia, les relato un poco como es el Cuerpo y la relación con la música desde la energía, el espacio y el tiempo.

En el capítulo Cuerpo Musical de “Ser música y ser cuerpo” por Fanny Luckert y Victor Fuenmayor, se habla sobre la Ritmica de Émile Jacques Dalcroze, una investigación que involucra al Cuerpo-Música como uno. Donde el Cuerpo es el instrumento musical del ser humano.
¿La música está compuesta de ondas que se desplazan por el espacio, es decir, la música es movimiento, parte de ahí y si se piensa en la relación que tiene con el cuerpo, son inseparables, esta existe desde, para y por el cuerpo, donde no solo el oído externo, sean los que puedan oír y producir naturalmente sino que cada parte del cuerpo, todo el organismo, cada musculo, cada fibra responda a las sensaciones que la música produce en él, siendo este el oído interior.
Dalcroze habla del movimiento expresivo y la relación con los elementos tiempo, espacio y energía que para Dalcroze son fundamentales, permiten la experimentación dentro de la música y el movimiento. Cunningham, en su “Espacio, tiempo y danza” se plantea algo similar a esto. La Danza es el cuerpo convertido en tiempo y espacio, donde se unifican, es desde lo interno a lo externo, a las formas físicas, originándose desde las acciones cotidianas llevadas con todas las cargas expresivas al cuerpo escénico. Es una continuidad del ritmo de vida. El ser humano traduce toda sus experiencias y emociones en este lenguaje metafórico del inconsciente corporal, también considero que estos movimientos son metamorfoseados al momento de ejecutarlos.
La música como Schopenhauer la define termina siendo una representación de lo representado, es la esencia de la vida misma. Dalcroze dice que la música esta inmersa en la vida misma, todo lo que nos constituye y nos envuelve marca un tiempo, un ritmo, solo es necesario tener conciencia de ello y prestar atención a las vibraciones, a nuestros sonidos propios, de las articulaciones u órganos, ya sea durante la vigilia o el sueño estos sigue sin pararse. Es decir, el movimiento nunca cesa así como no hay silencio absoluto, solo varían sus intensidades, matices, tiempos o fuerzas.

A nivel físico-motriz el cuerpo responde de forma inmediata y hasta involuntaria al la música, por naturaleza sigue el ritmo, sin embargo, el cuerpo debe tener la posibilidad de ser versátil y adaptarse, es más que una lectura literal del ritmo, llevando a otras cualidades los movimientos. La melodía como se había visto en algunos textos anteriores tiene esa carga emocional, despierta una conciencia afectiva. Lo necesario es la escucha consciente y atenta.
Los autores comentan que para las personas con conocimientos previos en música, o con técnicas corporales ya marcadas, es más complicada esa escucha interna para llevarla a lo corporal.
Para llevar a la práctica estos conceptos se puede resumir en la unificación del tiempo, espacio, energía, conciencia y sensaciones para lograr metaforizar los movimientos.
El ejercicio realizado para mimetizar todos estos elementos tenía como pauta, la primera parte, escuchar la música propuesta por los músicos y en base a las imágenes, sensaciones o emociones que estás nos producían partían los movimientos. Es decir, se quería esa continuidad entre la música-cuerpo y además, saber qué capacidad de escucha y de retención poseemos.
Al principio es complicado, esa sensación corporal es difícil de mantenerla, sentía un colapso cuando los músicos paraban, la conexión mente-cuerpo se interrumpía de inmediato y se le olvida todo a uno, pero a medida que iba avanzando, prestaba más atención y encontraba la manera de hacérselo recordar al cuerpo, en lo particular opte por generar imágenes geométricas a partir de lo que me refería la música y de ahí –intentaba- reproducirlo en el cuerpo, a veces eran espirales, o quizás, eran puntos rápidos. También pensé en algunas texturas como suavidad y dureza. En cuanto a la emociones, recurría a cierto lugar que me llevara la música pero esto solo pasó como dos veces.

En la segunda parte, donde no había separación ni pausas, era más fácil el reconocimiento de la música, además, el contacto con el otro permitía recurrir al ritmo del otro con otras calidades de movimientos y hasta poder jugar entre nosotros. Era difícil no caer en la repetición de movimientos.
Recordé lo que decían Luckert y Fuenmayor sobre las personas de occidente. De momentos sentía que la música era para estar enterrada en la tierra, eran ritmos que me pedían estar abajo pero intentaba desligarlo de esa idea.
La disociación corporal en estos ejercicios brinda mayores posibilidades de realizar movimientos pero creo, que también se podrían tomar otros elementos como la expresión facial. En un momento del ejercicio el profesor hizo ciertas expresiones mientras coincidíamos y esto, de repente me hizo acordarme que nos preocupamos mucho por el cuerpo y las extremidades inferiores pero el rostro hasta el momento no se ha utilizado y creo que se encontrarían cosas interesantes. También, Fuenmayor y Luckert hablan en el capitulo, sobre los sonidos que produce la voz y las extensas posibilidades que puede dar.
La energía es un asunto importante, cada uno de nosotros mantenía una energía propia pero que colectivamente hacia que se viera equilibrado y unificado.

Fuentes:
“Ser música, ser cuerpo. La didáctica del ser creativo.” de Fanny Luckert y Victor Fuenmayor.
"Espacio, tiempo y danza" de Merce Cunningham
https://bit.ly/2LBiqEk
"El Mundo como Voluntad y Representación" de Arthur Schopenhauer.
https://bit.ly/2IO7Mwe
Fotografías de Oswaldo Garcia
Lugar: Universidad de los Ande, Mérida, Venezuela.
Bailarines: Nacary Villegas, Sabrina Valero, Sabrina Morantes, Jhosand W. , Selene Rodriguez, Oriana Canelones, Rosalena Maldonado, Leoranny Petit,
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