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Hace unos días me pasó algo que me puso a pensar...
Resulta que apliqué para un trabajo en internet. Tuve la oportunidad de entregar mi currículum y un par de papeles más a una empresa en el extrangero para trabajar como profesor de flauta y teoría musical on-line. Tardaron una semana para responder y mientras, no le di mucha importancia y seguí con mis cosas.
Realmente fue una flecha que tiré sin mucho interés, es decir, la cuarentena ha hecho que tenga momentos donde no tengo mucho flujo de trabajo y me empiezo a preocupar, pero en líneas generales, en comparación a otros, me siento bastante afortunado de poder seguir haciendo música para otros y trabajando con compañeros cercanos.
La respuesta a la aplicación la recibí ayer, fui rechazado.
¡Me sentí tan mal!
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¡Eso fue una cosa..! Una sensación de asfixia, un sentir que el mundo se acababa. (a pesar que realmente no era así y que empresas como esa de seguro hay por montones...) Intente hablar conmigo mismo y convencerme que no había peligro alguno, que el miedo era infundado y que seguiría con mi vida, avanzando intentándolo una y otra vez. El estrés se convirtió en un dolor de cabeza atróz. En un día que de por sí ya era bastante estresante, era el peor de los comienzos.
Recibí la noticia a eso de las 7:00 AM.
Era día de grabación, un excelente violista venía al estudio a grabar un par de temas para clientes distintos. Fue una sesión agotadora, pensaba que los tapabocas asfixiaban solo cuando ibas caminando rápidamente, pero si los usas en un lugar cerrado y por periodos de tiempo prolongados, pueden llegar a ser terriblemente incómodos.
Al terminar de grabar noté cómo el dolor de cabeza se acentuaba, palpitante, sincronizado con el tempo de la grabación. Me dí cuenta que debía darle coto a esto, que debía enfrentarme a mí mismo ver qué estaba ocurriendo dentro de mí que me tenía tan afectado. Sabía que el dolor había empezado justo de leer la carta de rechazo al trabajo que apliqué, pero no sabía más allá de eso. Así que tomé un par de bolsos viejos y decidí ir al supermercado.
Me fui al que estaba más lejos de todos. Durante 30 minutos caminé reflexionando sobre lo ocurrido, había algo oscuro en ese dolor, en la profunda angustia que sentía. A pesar de que era mi primera aplicación para un trabajo de ese tipo, y en las condiciones virtuales actuales, sentía haberlo vivido antes. Ese miedo, ese dolor, eran perturbadoramente familiares.
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Un poco de historia para entrar en contexto...
En la segunda parte de esta crónica...