Desde el ayer que me acompaña,
se abre el mañana,
de incierta apariencia
y con rústica reticencia.
Un presente cabizbajo
suena el badajo
de la campana silente
que suena impaciente
esperando futuros
verdes o maduros.
Insólito presente,
cual sol naciente
se eleva, flama ardiente
en áureos recovecos,
displicentes ecos.
Dóciles muñecos,
repiten los timbales
que lánguidos fluyen en cañaverales
profundos huecos
oriundos de mañanas estivales.